Grace Kelly 16 curiosidades de una boda de película

Primavera de 1956, el Principado de Mónaco se viste de gala. El 18 y el 19 de abril se celebraba el enlace civil y religioso del Príncipe Rainiero de Mónaco con la norteamericana y famosa actriz de Hollywood Grace Kelly.
Ahora se cumplen 56 años de aquel memorable acontecimiento, y nosotras hemos decidido que este acontecimiento es más que merecedor de convertirse en nuestro “Icono Vintage” de abril.
Fueron días de fiesta en el pequeño estado de Mónaco. Días inolvidables… para ellos y para el resto del mundo. Fue una de las bodas más recordadas del S.XX y probablemente la novia más admirada e imitada de todos los tiempos.

Curiosidades de la boda de Grace Kelly

Sobre la novia y su traje se ha escrito hasta la saciedad. Yo hoy me voy a quedar con algunas anécdotas de la boda, que es probable que desconozcáis y que me han resultado curiosas:
  • Francia sufrió una huelga general de electricidad la noche anterior al primer encuentro de Grace Kelly con Rainiero III. Toda la ropa de la princesa Grace estaba muy arrugada después del largo viaje, y no pudo ser planchado el traje que tenía previsto lucir, por lo que tuvo que optar por un sencillo vestido negro estampado en flores, que no estaba tan arrugado como el resto.
  • El anillo de pedida un diamante en talla esmeralda de 10,47 quilates, montado en platino. Grace lo lució durante la filmación de «Alta sociedad» y se puede ver en la película.
  • Como regalo de boda, Rainiero obsequio a Grace con un magnifico juego completo de collar, pulsera y pendientes de Van Cleef & Arpels. Conjunto que podéis apreciar en la fotografía adjunta.
  • Los monegascos regalaron a Grace y Rainiero un Rolls Royce descapotable, negro y crema como regalo de boda. Después de la ceremonia religiosa, la pareja condujo por las calles de Montecarlo para que todos los ciudadanos pudieron disfrutar de la belleza de la novia y la felicidad de la pareja.
  • Aristóteles Onassis obsequió a Rainero III y la Princesa Grace como regalo de boda con un yate, el “Deo Juvente II”. Con él, la pareja viajó por todo el Mediterráneo durante su luna de miel. Me resultó curiosa la historia del Deo JuventeII, del podéis saber más en el siguiente link: Historia del Deo Juvente II.
  • Rainiero encargó a la casa Creed la creación de un perfume exclusivo, para que Grace lo utilizara en el día de la boda. Su nombre: «Fleurissimo». Fue otro de los detalles con los que Rainiero agasajó a la novia. El perfume fue fabricado en exclusiva para la princesa hasta 1972, fecha en que comenzó a comercializarse al público. Posteriormente fue usado por iconos como Jacqueline Kennedy Onassis o Madonna. He encontrado un precioso articulo en español: Olibanum:Cuaderno de Fragancias
  • Toda la población adulta de Mónaco fue invitada a la celebración de la boda. Resulta curioso imaginarse un jefe de estado invitando a todos sus súbditos a su banquete de bodas. En un pequeño estado como Mónaco eso fue más sencillo, no obstante se reunieron más de 3.000 monegascos.
  • La Metro-Goldwyn-Mayer, como regalo de boda obsequió a Grace todo el vestuario de «Alta sociedad» (su última película), así como el magnífico vestido de boda diseñado por Helen Rose.
  • Bajo el vestido de boda, las enaguas de Grace tenían diminutos lazos de satén azul.
  • Grace llevaba «El manual de la novia» de J.M. Lelen, durante su boda con el Príncipe Rainiero. El libro fue un regalo de un amigo de la familia, Mr. John F. McCloskey de Chestnut Hill, y fue decorado por el departamento de vestuario de la M-G-M.
  • Los zapatos de novia de Grace fueron diseñados por David Evins. Se fabricaron con un penique de cobre en el zapato derecho, para darle suerte. Una creencia popular dice que Grace llevaba zapato plano para que no fuera mucho más alta que Rainiero. Los zapatos tenían un tacón 6,35 cms.
  • Grace fue peinada por Sydney Guilaroff, uno de los peluqueros favoritos de Marilyn Monroe, que trabajó con Greta Garbo, Greer Garson, Judy Garland, Elizabety Taylor, Joan Crawford, Ava Gardner, Lana Turner, entre muchas otras.
  • Joseph Hong, de Neiman Marcus, diseñó los vestidos de las damas de honor, y Patricia Kidder los fabricó. Estaban hechos de organdí de seda amarilla, sobre una bajo falda de tafetán de seda amarilla.
  • El ramo de novia de Grace era de lirio de los valles. Grace dejó el ramo en el altar de la capilla de St. Devote después de la boda. Las damas de honor llevaban rosas de té.

  • Después de la ceremonia, Grace donó el vestido al Museo de Arte de Philadelphia, ciudad en la que había nacido.
  • La Princesa Grace y Rainero III pasaron parte de su luna de miel en el hotel Formentor de Mallorca.
En total 16 curiosidades de la boda de Grace Kelly y Rainiero de Mónaco. Pero yo me quedo con esta frase de Oscar de la Renta:
 
«En el día de su boda, Grace Kelly da un nuevo significado a la palabra «icono». Todo su aspecto, desde el regio velo hasta los femeninos detalles de encaje y el conservador vestido, hacen de ella una novia atemporal.»
 
Os dejo el link a tres curiosos vídeos que he encontrado en Youtube sobre la boda:

Por último os dejo el link a una página americana que vende una Barbie vestida de Grace Kelly el día de su boda.

La Tiara Taylor o Tiara Mike Todd

Hoy os traigo la última pieza que hemos creado para nuestra colección de joyas históricas de novia: la tiara Taylor. Una preciosa joya antigua de finales del S.XIX que Mike Todd regalara a su bellísima esposa Liz Taylor en 1957.

Tiara Taylor

La joya original montada en platino y oro, es un diseño muy clásico pero de una belleza y actualidad sorprendentes, que a nosotras nos ha servido de inspiración para crear esta elegante pieza que es el sueño de cualquier amante de las joyas antiguas.

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El productor de cine falleció en un terrible accidente cuando apenas llevaba un año casado con la ya famosa actriz. Contaba la actriz en sus memorias que el día que se la entregó el productor la dijo: «Eres mi reina, y creo que deberías tener una tiara».

La actriz luciría la tiara por primera vez en los Premios de la Academia de 1957, donde la película de Todd  “La vuelta al mundo en ochenta días”

ganaría el Oscar a la Mejor Película. La actriz  también la lució en el Festival de Cine de Cannes ese mismo año.

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No importaba que las tiaras no estuvieran especialmente de moda en ese momento, ella la usaba y sabia de veras lucirla con total naturalidad y elegancia.

Las joyas de Liz Taylor

Os dejo el link a un curioso vídeo en el que vemos a la actriz con la joya. Y en el que al final vemos algunas imágenes del funeral de su entonces marido.

https://youtu.be/VKbAtO3rGS0

La colección de joyas de Taylor fue subastada después de su muerte. Gran parte de sus ingresos se destinó a su fundación para la lucha contra el SIDA. La tiara salió a subasta en diciembre de 2011 y se estimó que alcanzaría  un precio de venta de unos 80.000 $. Pero se remató en la astronómica cifra de 4.200.000$.

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En este momento ignoro quién tiene esta increíble joya en su poder.

La Tiara Liz, como a mí me gusta llamarla, es la última pieza que ha entrado a formar parte de nuestra colección de tiaras de novia. Una joya inspirada en esta peculiar pieza que luciera una de las más bellas y grandes artistas de Hollywood.

Espero que os guste.

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Abigail Holmes y su práctico traje de novia.

Abigail Holmes eligió para su boda una seda de color oro, un color bien diferente a todos los que hemos visto hasta ahora en esta sección de Trajes de Novia Icónicos.

Abigail se casó con Clark S. Potter el 3 de octubre de 1839, en Nueva York, y optó para la ocasión por un diseño de amplio escote, falda acampanada y corpiño ajustado.

Me encanta el diseño de las mangas plisadas que se ajustan con fuerza a la parte alta del codo y a la muñeca.

Justo en esos años, la moda de las mangas cambió y se hizo menos voluminosa en la parte de los hombros, para pasar a ser más ajustado y marcar con más delicadeza las clavículas. Años más tarde, las mangas se estrecharían casi por completo y muchas mujeres adaptarían sus vestidos a la moda de mediados del S.XIX.

El vestido parece más una prenda de paseo de mañana que un traje de novia. No es para nada un vestido pretencioso ni ostentoso, chocando de pleno con el resto de las piezas que hemos venido viendo en esta sección a lo largo de estos meses. Los adornos se reducen a unos sencillos pliegues y algún festón estratégicamente colocado. Ya hemos visto otro vestido de color hace pocas semanas; por ejemplo el de  Mary Waters, realizado casi un siglo antes en una preciosa seda de Spitafields.

La elección de un color tan oscuro no era inusual en las novias de la época. Hay que tener en cuenta que la seda blanca era mucho más cara que las sedas de color y que, además, a ello había que añadir el coste que suponía en limpieza el mantener inmaculado un vestido de tono claro.

Probablemente Abigail fuera una mujer mucho más práctica que el resto de las que hemos conocido hasta ahora, optando por un vestido que también podría usar después de la ceremonia o, simplemente, su economía no la permitió adquirir una seda de color blanco. También pudo influir en su decisión el hecho de que la pareja tenía la intención de embarcarse en un viaje, inmediatamente después de la ceremonia. Un vestido de color oro habría sido mucho más práctico para viajar, dado el polvo y la suciedad inevitable que la pareja se encontraría por los caminos de la época. De hecho, la joven esposa mandó hacerse una pequeña capa corta a juego con el traje.

No he encontrado mucha más información sobre la familia de Abigail Holmes. Si bien la familia Holmes no era rica, el Sr. y la Sra. Clark Potter parecieron haber prosperado. En el Censo Federal de Estados Unidos de 1860, decía que estaban viviendo en Albión con sus ocho hijos, de edades comprendidas entre uno y diecinueve, y con una sirvienta como empleada – una mujer joven irlandesa de nombre Mary Florin-. Clark Potter era empleado de la Oficina de Rentas.

Un precioso y sencillísimo vestido, para una práctica novia de mediados del S.XIX.

Biografía:

Wedding Perfection- Two Centuries of wedding Gowns- Cynthia Amnèus.

Diccionario Vintage: Con la «T» Tiara

Distinguimos tiara de diadema, aunque sus orígenes sean los mismos. La tiara levanta, según su tamaño, y luce más en la parte delantera de la cabeza. Mientras que la diadema es un aro abierto que queda más pegado a la cabeza, e incluso se usa para sujetar el pelo hacía detrás.

Elegante y fascinante forma de joyería casi siempre asociada a antiguas familias reales europeas, que jugaron algún papel relevante en la historia. Muchas de estas antiguas tiaras se desmontaron cuando pasaron de moda, llevando a utilizar sus piedras preciosas en otras piezas de joyería más ponibles o por necesidades económicas.

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Los romanos jugaron un papel muy importante en su evolución, adaptando la moda de su uso y utilizando piedras preciosas como las amatistas, perlas, esmeraldas, zafiros y diamantes. En Grecia, en cambio, las hojas y las flores para la cabeza se hicieron muy populares, sirviendo sus diseños florales de inspiración en la actualidad.

Las tiaras en los últimos años han adaptado su uso en ceremonias nupciales de forma discreta.

Es la más elegante y sofisticada de todas las joyas para una novia, permitiéndole hacer lucir, aún más esplendida e iluminada si cabe, lo que ya de por sí luce ella en un día tan señalado.

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Nada puede hacer sentir a una mujer más especial que lucir el día de su boda una pequeña tiara. Para la gran mayoría de las mujeres modernas, su boda es probablemente la única ocasión en su vida en la que puedan ponerse una joya de estas características. Esta costumbre de coronar la cabeza de una novia el día de su boda, tiene como  significado la  pérdida de la inocencia y el triunfo del amor, siendo un destacado accesorio en muchas de las ceremonias nupciales más tradicionales.

Es muy frecuente ver como se ha utilizado, y sigue utilizándose, el “lenguaje de las flores” y el “lenguaje de las piedras” a la hora de realizar estos diseños tan apreciados en joyería.

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La elección de las piedras es particularmente importante ya que, de acuerdo con la antigua tradición de la lapidaria, las diferentes piedras tienen distintos significados, al igual que las flores llevan una variedad de mensajes simbólicos unidos a ellas. De ahí que sea tan relevante tanto el diseño floral como los colores que se utilizan al realizar piezas de joyería, y más en el caso de una tiara diseñada para ser usada en un día tan especial.

La tiara es la joya nupcial por excelencia.

Adjunto una pequeña y curiosa tabla:

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Un vestido de novia vintage con coraje y sensibilidad

¿Por qué decide una hija vestir el traje de novia de su madre? He estado dándole vueltas a esta pregunta recientemente y finalmente he decidido preparar varias entradas para el blog esta temporada con un tema en común: Trajes de novia antiguos, su historia, sus protagonistas y sus vidas.

Y la primera historia no podía haber sido más apasionante. Han sido varios días de investigación y muchas anécdotas curiosas. Me apasiona meterme en las costumbres, en las curiosidades y anécdotas de la vida de personas del pasado…

En este caso no fue por falta de medios económicos por lo que Mary Muhlenberg Hopkins decidió  lucir el traje que 28 años atrás había llevado su madre Mary Barr Denny Muhlenberg. Mary se casaba con una de los mayores herederos de la época. Me quedó claro desde el principio que sus motivos fueron  íntimos y sentimentales. Las modas ya habían cambiado bastante después de 28 años, pero Mary simplemente retocó un poco el escote para dejarlo algo más recatado que el que habría lucido su madre, y cambió un poco el diseño de las mangas, sin apenas hacer ningún cambio más en la prenda. Debían tener prácticamente la misma talla.

Mary había sido una mujer sorprendentemente bien preparada para la época, sobresaliendo entre todas las estudiantes en el prestigioso Instituto Packer, en Brooklyn, donde se  matriculó en matemáticas avanzadas y astronomía, entre otras asignaturas. Estos conocimientos, y su carácter, la permitieron hacerse cargo de todos los ambiciosos proyectos que tenía su esposo entre manos al poco de enviudar.

Vestido de novia de Mary Muhlenberg tras el retoque Vintage By López Linares

Nuestra protagonista no sólo heredó una inmensa fortuna sino que además se convirtió en una increíble filántropa y benefactora, durante sus veinte restantes años de vida. Hospitales, instituciones médicas, orfanatos, colegios y universidades, un museo de arte, diversos organismos culturales y otras causas que beneficiaron a la humanidad, fueron sólo algunas de las obras que Mary puso en marcha con su tímida y reservada naturaleza.

Entre otros proyectos, levantó el más ambicioso y costoso realizado por una mujer en aquella época; la creación del  Mariemont Village en Hamilton, Ohio. Una ciudad en toda regla, con todos los servicios y avances que os podáis imaginar. Por poner un ejemplo, los cables de teléfono y luz ya iban enterrados bajo el suelo. Todo un avance para la época.

Pero la historia de Mariemont se remonta a principios del siglo XX, cuando su esposo compró una finca cerca de Newport, Rhode Island,  a la que llamó «Mariemont». En ella pasaron días inolvidables y comenzaron a soñar con lo que sería el proyecto más ambicioso de la familia.

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Durante los años siguientes al fallecimiento de Thomas, Mary gastó más de 7 millones de dólares de la época para adquirir todos los terrenos alrededor de  su finca. Necesitaba  espacio suficiente para crear la ciudad de sus sueños: un lugar ejemplar que pudiera acoger a gente de todos los niveles económicos, comprando o alquilando viviendas unifamiliares.

Mary Barr Denny Muhlenber Vintage By Lopez  Linares

Mary colocó la primera piedra de lo que sería la ciudad de Mariemont Village en Hamilton, Ohio el 23 de abril de 1923, pero murió 4 años más tarde de esta inauguración, por lo que fueron sus herederos los que pudieron disfrutar de su más grandiosa obra: una de las grandes obras urbanísticas de los Estados Unidos de principios del S.XX, que empleó a los más destacados profesionales de la época.

Estoy segura de que su madre se habría sentido muy orgullosa del papel tan importante que jugó en el desarrollo urbanístico de EEUU. Ella, una mujer con la sensibilidad de lucir el mismo vestido que llevara su madre el día de su boda, tuvo el coraje y la fortaleza de poner en marcha unos de los proyectos urbanísticos más ambiciosos de la época.

Os adjunto un mosaico con un montaje de los dos trajes. ¿Cuál os gusta más a vosotros?

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Yo me quedo con el original, el arreglo de las mangas y el escote no me termina de convencer.

Imágenes y Bibliografía

Findagrave.com

Google.es

Mariemontpreservation.org

Wedding Perfection- Two Centuries of wedding Gowns- Cynthia Amnèus.

Cincinnatiartmuseum.org

Diccionario Vintage: Con la «D» Diadema

Según la leyenda, fue el griego Dionysus quien inventó la ornamenta para la cabeza llamada hoy diadema. Realmente, la palabra diadema viene de griego ‘diadein’ (unirse en torno a).

Ya antes de la evolución de la metalurgia algunas civilizaciones antiguas, como los etruscos y los escitas, hacían guirnaldas y coronas de flores y hojas para adornar sus cabezas.

Según los artesanos, fueron desarrollando sus habilidades y técnicas, se cambiaron las temporales ornamentas florales por diademas más trabajadas y duraderas. Manteniendo esas flores en muchos casos su significado ancestral.

Nosotras distinguimos tiara de diadema, aunque sus orígenes son los mismos. Una diadema es un aro abierto que queda más pegado a la cabeza, e incluso se usa para sujetar el pelo hacía detrás. La tiara levanta, según su tamaño, y luce más en la parte delantera de la cabeza.

Aunque hay conocimiento de que en ocasiones especiales algunos hombres llevaban diademas de oro, este tipo de joya es mucho más usual en mujeres.

Actualmente podemos encontrar diademas de pasta, metal, oro o plata. Las diademas de pasta suelen utilizarse como tocado adornadas con plumas, fieltros o encajes de distintos colores. Las diademas joya, realizadas en oro o plata con piedras preciosas o semipreciosas, se utilizan en grandes ocasiones y enlaces.

Las diademas que ilustran esta entrada están realizadas en plata con circonitas, esmalte y perlas de agua dulce, tipo alfojar.

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El Legado Casa de Alba

El viernes por la tarde acudí a visitar la  exposición “El Legado Casa de Alba”. Tuvimos la suerte de disfrutar de una visita privada de la mano de María de Cuenca. Todo un lujo contar con sus explicaciones en exclusiva, y una delicia pasar por las salas de la exposición de su mano.

La muestra ha reunido alrededor de 150 obras procedentes del Palacio de Liria. Muchas de ellas se exhiben al público por primera vez en la historia, en lo que podríamos denominar la exposición cultural más importante del año.

La Fundación Casa de Alba ha querido con esta exposición dar a conocer la importantísima labor que realiza para mantener y conservar una de las colecciones privadas más importantes de nuestro país.

Si tengo que quedarme solo con una pieza de esta exposición sería “La duquesa de blanco”, de Francisco de Goya. Me fascina ese cuadro, estaba deseando poder verlo al natural.

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Ya hace meses que solicité realizar una visita al Palacio de Liria, aún sigo esperando respuesta. Entre mis mayores deseos estaba poder disfrutar de esta obra en su emplazamiento original. Levantarte por la mañana, entrar en uno de los salones de tu casa y admirar esta obra de Goya, debe ser algo difícil de describir.

El cuadro es soberbio. Doña María del Pilar Teresa Cayetana de Silva y Álvarez de Toledo, XIII Duquesa de Alba, era una de las mujeres más atrayentes del Madrid de la Ilustración. Su belleza ha sido cantada por poetas y músicos; de ella decían que era tan bella que cuando paseaba por la calle todo el mundo la miraba desde las ventanas, y hasta los niños dejaban sus juegos para contemplarla.

Doña Cayetana tenía un fuerte temperamento y era conocida en los suburbios de Madrid por disfrazarse de maja y participar en las fiestas populares. Protectora de actrices, poetas, pintores y toreros, llegaba a disputarse los favores de los bellos jóvenes con otras cortesanas, incluso con la propia reina. Todo un personaje de aquella época, una mujer lanzada e inquieta que enamoró a Goya desde el momento de conocerla.

Goya supo retratar su personalidad lanzada, inquieta y muy osada para la época. Elige un elegante vestido de gasa blanca adornado con una cinta roja en la cintura, un collar de coral y varios lazos del mismo color en la pechera y en el pelo, que me recuerdan a las flores que ahora suele lucir la Duquesa de Alba en casi todas sus salidas públicas. Creo que es un guiño a su antepasada. El pelo suelto y rizado, algo impensable en una dama de la alta burguesía como era ella, y más propio de las cortesanas de la época. A su derecha su perrillo faldero, con un coqueto lacito rojo en su patita símbolo de fidelidad. Posiblemente la que le profesaba el mismo pintor.

Otras obras dignas de mención son «La Virgen de la granada», único cuadro en manos privadas de Fra Angelico, nunca antes expuesto en público. O documentos tan señalados como la colección de cartas autógrafas de Cristóbal Colón, la más extensa que se conoce, así como una primera edición de El Quijote.

Otras de las piezas que llamaron poderosamente mi atención son las relacionadas con Mª Eugenia de Montijo. Sobre todo, un busto en mármol del que os adjunto una foto en bronce (no he encontrado ninguna del que tienen en la Casa Alba). De esta pieza, sobre todo, llamó mi atención el broche que lleva en su escote, ya que en la tienda tengo dos modelos muy parecidos a este.

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Y como resumen de la exposición os dejo con las  palabras de D. Carlos Fitz-James Stuart y Martínez de Irujo, duque de Huéscar: «Nuestra intención es compartir las obras y piezas que componen la colección de la Fundación Casa de Alba, con un público cada vez más entendido y más interesado por la cultura y la historia. Esta muestra nos permite dar a conocer diferentes obras y documentos que han sobrevivido a los avatares de la historia, y que conforman el mayor tesoro del legado de nuestra familia»

La exposición es un auténtico viaje por la Historia de España, de la mano de una de las familias más nobles y con más títulos del mundo, que os recomiendo no perderos.

Permanece abierta hasta el próximo 31 de marzo.

Exposición Casa de Alba

Vídeo presentación exposición.

El Blog de María de Cuenca

Downton Abbey

Hoy se inicia la tercera temporada de “Downton Abbey”. La famosa serie dramática británica ha sido un éxito rotundo de audiencia a nivel internacional, y muy destacadamente en España.

La verdad es que a mí no me extraña: desde la interpretación de todo su cuadro de actores, a su ambientación y vestuario, todos los detalles de la serie son tan perfectos, que consiguen transportarte a la Inglaterra de principios del S.XX sin darte cuenta. Si a esto añadimos un reparto de actores ingleses de gran talla, la serie se convierte en un éxito digno de verse, aunque solamente sea para recrearte la vista.

El primer capítulo de esta tercera temporada fue visto por más de 9 millones de espectadores en el Reino Unido. Tiene su inicio con la esperada boda entre Lady Mary Crawley y Matthew Crawley, algo que todos los que vimos la primera parte estábamos deseando que sucediera.

Y aquí es donde a mí se me hicieron los ojos “chiribitas”. Cuando vi las fotos de la boda en internet a finales de septiembre, lo primero que me vino a los ojos fue la tiara que llevaba Mary. Los diseñadores de vestuario de la serie fueron en busca de unos de los más afamados anticuarios de Inglaterra, Bentley & Skinner, especializados en joyería antigua, y así, entre los dos, crearon la tiara georgiana para el paseo de Lady Mary camino del altar.

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Bentley es un joyero inglés con tienda desde 1934, especializado en piezas antiguas de finales del siglo XIX. Consiguió hacerse muy famoso hace años por crear una calavera de brillantes para el artista Damien Hirst. La pieza llegó a venderse en 50 millones de libras.

La firma Skinner sirvió a la reina Victoria en el siglo XIX. Bentley & Skinner nació en 1997 por la unión de ambas casas.

El sensacional tocado está plagado de diamantes de talla antigua, con 45 quilates montados en oro amarillo y plata y está valorado en 125.000 libras. La pieza se transforma en un broche y en una diadema.

Pues ya os podéis imaginar lo primero que pasó por mi cabeza… ¡Quería esa tiara! La quería en mis manos y la quería antes de que la audiencia española pudiera verla. Quería que todos pudieran disfrutar de ella el mismo día que se estrenaba la serie.

Tampoco perdí de vista el vestido de la novia, un diseño de la encargada de todo el vestuario de la serie, Caroline MacCall. Parece que el traje ha sido el encargo más caro que se ha realizado para la serie, ya que su confección casi superó la cifra de las 4.000 libras. Es un  precioso vestido de estilo años 20 de encaje de plata y un bordado en perlas de arroz y cristal de Swarovski. Un diseño que ahora mismo luciría encantada más de una novia del s. XXI.

Y eso mismo hicimos. Hemos recreado la boda de Lady Mary en pleno corazón de Madrid. Hemos reproducido su tiara y ahora, en nuestro escaparate, luce pletórico un maniquí con la tiara y un vestido de novia original de los años 20.

Si quieres disfrutar de esta joya, fotografiarla o simplemente contemplar lo bella que podía lucir una novia a principios del siglo pasado, no dejes de asomarte por nuestro escaparate. El conjunto estará expuesto hasta finales de año.

¡No te lo pierdas, te esperamos!

Links interesantes:

El Castillo  De  High

Página oficial de la serie

Damien Hirst

Mª Eugenia de Montijo toda una mujer del S.XXI en pleno S.XIX

Día 5 de mayo de 1826: nace en Granada, en el barrio de la Magdalena, María Eugenia Palafox Portocarrero y Kirkpatrick, condesa de Teba y más conocida como Eugenia de Montijo. Nuestro “Icono Vintage” de Mayo.

Hija de Cipriano Palafox y Portocarrero, Grande de España, y  de María Manuela Kirkpatrick y Grevigné, nieta de la IV Condesa de Montijo, Mª Francisca de Sales Portocarrero.

Una herencia aleja a Eugenia de su Granada natal y la conduce al mundo de riqueza y privilegio que su madre siempre había soñado para sus hijas. Es en 1830 cuando su familia hereda el título de Montijo, por el que es conocida, y se traslada a Madrid.

María Eugenia era una bella, cosmopolita y apasionada jovencita, siendo por ello que los «mejores partidos» de España cayeran a sus pies. Todos, menos el único hombre a quien ama, el duque de Alba, que prefiere a su hermana Paca, casi tan bella como ella pero más sensata y madura, la cual consigue cautivarle contrayendo matrimonio en 1845.

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Herida en su amor propio, Eugenia se propone conquistar al orgulloso Napoleón III y ceñir la corona imperial de Francia. Para ello decide trasladarse a Francia con su madre, mujer tremendamente ambiciosa.

Dicen que consiguió conquistar al emperador por su afán de conservar su virginidad, y el deseo de este de ser el primero en conseguirla. El emperador la preguntó a María Eugenia “como se iba a su habitación” contestando ella decidida: “Pasando por la capilla, sire”. Y así fue como consiguió ceñir la corona de emperatriz y convertirse en una de las mujeres más influyentes de la época.

octubre 1856la emperatriz con su hijo en brazos

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Cuentan las crónicas que el emperador ya la fue infiel en el viaje de novios, pero parece que a ella tampoco la importaba mucho. No le amaba demasiado, se casó con él para conseguir el poder y el estatus que la daría convertirse en emperatriz de Francia.

María Eugenia no perdió el tiempo en sus días en Francia, contribuyendo intensamente para convertir París en la Ciudad de la Luz. Entre otras cosas promovió las obras de alcantarillado de la ciudad. Mujer tremendamente avanzada para la época, luchó por los derechos de la mujer, consiguiendo que por primera vez se concediese la Legión de Honor a una mujer, y abogó por el sufragio femenino. A nivel internacional financió la apertura del canal de Suez y apoyó las investigaciones de Luis Pasteur, que acabarían en el descubrimiento de la vacuna contra la rabia…Vamos, toda una mujer del S.XXI en pleno S.XIX.

Mujer tremendamente coqueta y presumida, descubrió al genial modisto Worth y dictó la moda durante decenios. Ideó el miriñaque, el perfume, los collares de chatotes y el maquillaje.

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En 1870, tras el hundimiento del II Imperio, se traslada a Inglaterra donde tres años más tarde fallecería su esposo. Tras su fallecimiento, la emperatriz no cejó en su empeño de crear un partido político, para conseguir el apoyo suficiente y que su hijo consiguiera volver al trono francés. Sus desvelos fueron en vano. En 1879 el príncipe muere luchando por Inglaterra. La emperatriz quedó rota por el dolor pero aun sobreviviría 40 años a su hijo, falleciendo en Madrid en 1920 a los 94 años de edad.

María Eugenia de Montijo está enterrada en la cripta imperial junto a su marido y su hijo.

mariaeugeniayvistoriaeugenia en el palacio de dueñas hacia 1919

maria eugenia + su ahijada vistoria eugenia

En su testamento deja como heredero a Hernando Stuart Fizt James y Falcó, hermano del Duque de Alba, Conde de Montijo y Duque de Peñaranda.

Actualmente el Condado de Montijo se encuentra en posesión de Jacobo Hernando Fitz-James Stuart y Gómez, nieto de un tio de la actual Duquesa de Alba.

Hay dos interesantes libros escritos sobre la vida de la Emperatriz:

«La pasión Imperial» de Pilar Eyre, y «Eugenia de Montijo» de Genevieve Chauvel.

La Tiara Fabergé

Esta tiara fue realizada en platino y diamantes por la casa Fabergé hacia 1903.

Su motivo principal son unas pequeñas florecillas de cuatro pétalos llamadas familiarmente “No me olvides”, flor que en el lenguaje coloquial significa amor eterno y fidelidad.

Cuenta la leyenda, que en la Edad Media un caballero alemán y su amada paseaban por la orilla de un río. El caballero tomó un ramillete de la citada flor, pero perdió el equilibrio y cayó al río. Al serle imposible salir debido al peso de la armadura, y como se estaba ahogando, tiró el ramo a su amada al grito de: “Forget-me-not”.

Las florecillas están casi milagrosamente flotando en el aire, solo sujetas por un finísimo hilo de platino que hacen de ella una pieza con un calado sublime.

El otro motivo que decora la tiara son las hojitas de laurel , que en el lenguaje del amor significa el “Triunfo del amor eterno”.

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La joya fue realizada en el taller de August Holmstöm.

August Holmstöm  (1829-1903) nació en Helsinki, pero al poco tiempo se trasladó a San Petersburgo, donde comenzó a trabajar de aprendiz en los talleres de Fabergé. Su maestría y habilidad le permitieron  abrir su propio taller y comenzar a trabajar independientemente. Fue uno de los numerosos talleres que utilizó Fabergé para realizar sus famosas joyas. La empresa prefirió distribuir el trabajo entre talleres independientes, en lugar de realizar ellos todos los pedidos.

Heredó el taller su hijo Albert (1879-1925), utilizando ambos para marcar sus joyas sus mismas iniciales <AH>. Siendo por ello que no sepamos a ciencia cierta si la pieza salió de las manos de August o de Albert, al no conocer la fecha exacta de su realización.

La tiara se encuentra en estos momentos en una colección privada de joyas.

Zurbarán y Caprile en el Palacio de Liria

Me encanta ver las revistas del corazón cuando publican alguna boda famosa. Observo las fotos despacio: los trajes, los tocados, los bolsos y zapatos… Me entusiasma fijarme en todos los detalles que rodean la ceremonia. Creo que el entorno en el que se celebra el enlace, junto con el traje de la novia, son dos de las cosas que más llaman mi atención.

Por eso, cuando vi en mayo pasado la portada del Hola con la boda de Asela Pérez Becerril y Jacobo Fitz-James Stuart, me quedé prendada.

El Palacio de Liria y ese traje… Fue verlo y pensar en Lorenzo Caprile, sus corpiños son inconfundibles.

Abrí el Hola, por supuesto, saltándome todas las hojas hasta llegar a la 67, donde se encontraba el reportaje completo.

La primera imagen que vi del traje me terminó de convencer… En ese preciso instante supe que iba a escribir sobre él.

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No me equivoqué, el mago que había conseguido semejante maravilla no era otro que Lorenzo Caprile. Lo demás fue pura casualidad.

Unos meses después Chiquín Figueroa, la mano derecha de Lorenzo, pasó por nuestro espacio. Chiquín es alegre y cercana. A los pocos minutos ya me encontraba charlando con ella, con mi Hola en la mano (lo tenía guardado a buen recaudo) y explicándola mis deseos de escribir sobre ese vestido.

Mi sorpresa fue mayúscula cuando a los pocos días me llamó para decirme que nos invitaba a pasar por el taller, conocer a Lorenzo y fotografiar el vestido.

Nuestra cita (calle de Claudio Coello, 20): un precioso edificio del S.XIX en el corazón del Barrio de Salamanca. El atelier de Lorenzo estaba a rebosar, era finales de Julio, todo eran carreras de una lado para otro. Todo ese trajín no impidió que Lorenzo y Lola tuvieran preparado para nosotras un “Toile” con el traje de Asela.

Lola se entretuvo en colocarnos el corpiño, la cola, las mangas, así como el recogido delantero del traje, para que pudiéramos apreciar la pieza en todo su esplendor.

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Lorenzo no pudo ser más amable. Comenzamos hablando de la novia. Asela tiene una galería de arte: Espacio Valverde . Me explica Lorenzo que es una mujer de una sensibilidad exquisita. La novia tenía claro qué estilo de vestido buscaba. Lo más importante para ella: que fuera acorde con el entorno… ni más ni menos que los jardines del Palacio de Liria.

¡Qué maravilla de lugar para celebrar una boda!

La inspiración le llegó a Lorenzo a través del pintor clásico favorito de Asela: Zurbarán. Los volúmenes de sus trajes, la caída de sus telas y la grandiosidad de su obra fueron su inspiración.

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Se necesitaron 17 metros de tela. Un raso y un tafetán ambos de seda natural  fueron las elegidas, y la firma Valenciana “Catalá” la seleccionada  para tejerlos. Su experiencia de más de 200 años y sus magníficos telares, únicos en España, fueron considerados por Lorenzo los indicados para tan delicado encargo. No en vano, de sus telares habían salido las sedas de los vestidos de la Infanta Cristina, la Princesa de Asturias, así como la tela que decoró el dormitorio de los Kennedy en la Casa Blanca.

¿Quién mejor que ellos iban a ser capaces de fabricar una tela que pareciera salida de un cuadro de Zurbarán?

Me llamó muchísimo la atención que Asela llevara mantilla y velo. Me explica Lorenzo que la idea fue suya. Asela quería llevar una mantilla de encaje de Bruselas, una joya antigua de 2 m. de largo que pertenece a la familia de su madre desde hace más de 100 años. Y como quería entrar velada en la ceremonia, Lorenzo decidió colocarla un velo de tul ilusión cubriendo el rostro y la mantilla.

El velo iba sujeto en la cabeza con una simple presilla. Lorenzo cortó el velo de una forma un tanto especial, para que quedara ligero y no restara protagonismo a la autentica joya que lucía debajo: la mantilla del S. XIX. Me destaca Lola que la mantilla es una joya, una pieza soberbia de las más bellas que han visto y, además, en perfecto estado de conservación.

Lorenzo nos explica los pormenores de la confección del traje:

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El bordado del corpiño fue realizado por Joan Cat, increíble artesano que trabaja para Lorenzo desde hace años, quien bordó enteramente a mano el dibujo que habían elegido entre Asela y Lorenzo. Una joya floral inspirada en las pecheras de los trajes del S.XVII.

Un pequeño movimiento de Asela dejaba al descubierto las enaguas del traje, otra pequeña joya rematada con puntillas y encajes de “valencien”. Todas ellas cosidas a mano.

Disfrutamos con Mar, su jefa de taller, rodeada de patrones y reglas. Ella nos explicó, con todo lujo de detalles, cómo se confecciona la pieza estrella de Lorenzo… “Los corpiños”.

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Los corpiños de Lorenzo llevan entre 14 y 16 varillas, y dice Lorenzo de ellos que eran la cirugía estética de la antigüedad. Con ellos las mujeres disimulaban sus defectos y resaltaban sus virtudes.

Admiramos un almacén lleno de encajes, tules, puntillas y bordados, que harían las delicias de cualquier amante de la alta costura.

Vimos a Ana y Marian “Entolando” un corpiño… ¡Qué palabra más bonita… entolar!, no la conocía, es un trabajo delicado y muy laborioso. Se recorta el encaje y se vuelve a coser sobre la seda. Todo ello a mano, por supuesto.

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En total dos meses de duro trabajo: Isabel, Paco, Fran, Nines, Marta, Mar, Lola… fueron algunas de las expertas manos por las que pasó la pieza. Cada una de ellas dejó horas de trabajo, pero sobre todo de cariño… Se respira alegría, ilusión, profesionalidad y compañerismo en su taller, y todo ello se refleja en cada una de sus piezas. Me sorprende el amor y pasión con el que nos explican cada detalle. Un gran equipo de profesionales, de eso no cabe la menor duda.

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No quiero dejar de comentar dos detalles que me gustaron muchísimo también: la tiara que llevaba Asela, una joya de carey del S.XIX perteneciente a su familia; y el ramo de novia, un pequeño y delicado bouquet de rosas blancas.

Para Lorenzo lo más importante es que la novia confíe en él desde el principio, y me destaca cómo la química con Asela fue perfecta desde el primer momento. Está claro que formaron un tándem perfecto, y entre los dos lograron realizar el sueño de cualquier novia: lucir espléndida el día más importante de su vida.

Para mí este es el más soberbio traje de novia creado en 2011.

Muchísimas gracias a Lorenzo Caprile, Chiquín Figueroa y todo su equipo, por el cariño con el que nos trataron. Y nuestro agradecimiento también a Asela Pérez Becerril por permitirme escribir este reportaje.

Si queréis conocer mejor a Lorenzo Caprile podéis vistar su web:

Lorenzo Caprile

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Una tiara de 1930 diseñada por Miriam Haskell

Cuando escogemos para nuestra tienda alguna pieza de bisutería, es porque algo especial y mágico nos trasmite a alguna de las tres. Parece increíble, pero normalmente coincidimos en la elección. Es curioso que siendo tan distintas entre nosotras, a la hora de elegir las piezas que van a entrar en nuestro espacio coincidamos siempre.

Aunque hay piezas que nos enamoran a unas más que a otras, cada una tiene sus piezas fetiche, esas que nunca vendería y de las que te quedas prendada a primera vista.

Hoy os quiero hablar de una de mis piezas favoritas. Es una tiara de novia firmada por Miriam Haskell. Me entusiasmó nada más verla, me pareció de una delicadeza y exquisitez sublimes. Cuando la cogí por primera vez, lo primero que pensé es, ¿por qué alguien querría desprenderse de una pieza tan soberbia y delicada? Seguramente sería un encargo especial para alguna joven de los años 30. Estoy segura de que quedaría prendada de la joya al verla por primera vez, al igual que quedé yo.

Para los que no conozcáis a Miriam Haskell, os diré que esta visionaria del diseño y los negocios nació en 1899 en el seno de una familia de inmigrantes judíos venidos de Rusia. Su familia consiguió alcanzar una posición bastante acomodada para la época. Miriam estudio en la universidad de Chicago durante 3 años y se trasladó a Nueva York con 500 dólares en el bolsillo, probablemente prestados por su familia.

Al poco consiguió establecerse en el Hotel Mc Alplin, que en esos momentos era el hotel más grande del mundo, con capacidad para 2.500 personas. El hotel estaba situado en pleno corazón de la ciudad de Nueva York. Allí abrió una pequeña tienda  donde vendía bisutería de afamados diseñadores de la época.

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Miriam enseguida decidió lanzar su propia marca y para ello contrato los servicios de Frank Hess, un joven escaparatista con un gusto y un sentido de la estética inusual para le época. Frank se convertiría rápidamente en la cabeza creativa de la marca. Tenía una personalidad bastante compleja, y su timidez le hacia sentirse más cómodo trabajando en el taller entre bocetos y piedras, que atendiendo a las incontables clientes que se acercaban a su tienda deseosas de ser atendidas por él personalmente. Era un personaje muy peculiar, conocido por sus altos sombreros de copa y su bastón con mango de plata. Era muy exigente con sus empleados.

Por el contrario, Miriam era una mujer muy atractiva, elegante e inteligente y se sentía en su salsa en el papel de relaciones publicas de la marca. De esta manera se complementaban perfectamente.

Consiguieron alcanzar un éxito asombroso en poquísimo tiempo. En 1930 ya se codeaban con lo mas selectos e influyentes personajes de los círculos artísticos y sociales, tanto de Hollywood y Nueva York como de Europa. Mujeres de la influencia y talla de Joan Crawford, Lucille Ball o la Duquesa de Windsor lucían en las grandes fiestas diseños de Miriam Haskell.

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En los años 50 Miriam cayó en una profunda depresión  y su estado hizo que la compañía cayera en manos de su hermano. Nunca volvió a trabajar, se retiró al poco de terminar la guerra, dicen que influenciada por los horrores de la misma y sin conseguir superar todos los desastres vividos. Frank continuó trabajando en la compañía hasta retirarse en 1960.

Actualmente, es bastante difícil encontrar piezas de la primera época de la marca y su precios suelen ser bastante elevados.

Aunque la compañía sigue fabricando maravillosas piezas de bisutería, muchas de ellas inspiradas en las grandes colecciones de Miriam y Frank, para mí no llegan a alcanzar la delicadeza y sensibilidad de las piezas que realizaron ellos en sus años dorados. Hicieron un “tándem” magnifico y supieron trasmitir su entusiasmo e ilusión a todas las mujeres de su época.

Os dejo un link a la página actual de la marca, para que podáis juzgar por vosotras mismas: www.miriamhaskell.com

Las fotos que os adjunto a continuación son grabados coloreados a mano y realizados por el artista Larry Austin. Son ilustraciones realizadas entre 1930-1940 y que utilizaron  para promocionar la marca en tiendas y joyerías de todo el Mundo. En ellas podemos apreciar la belleza de algunas de sus piezas más sofisticadas.

¿Habíais oído hablar antes de Miriam Haskell?

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El camafeo de Mrs. del Alisal

Siempre me llamaron la atención esas caritas asomando su relieve sobre una concha de carey marrón clarito. Pero no fue hasta que me casé y mi suegra me regaló un increíble juego de pendientes y broche, perteneciente a su familia desde 1860, cuando pude realmente apreciar en mi mano la belleza de estas piezas. Este juego había pasado por más de cinco generaciones de mujeres, y ahora llegaba a mis manos ante mi sorpresa y emoción.

¡Me resultaba tan curioso que las caritas de los pendientes se miraran la una a la otra! Me preguntaba cuál sería su origen o cómo era posible que una técnica tan antigua siguiera llamando la atención de tantas mujeres a lo largo de la historia. (A mí personalmente me entusiasman).

¿Os habéis preguntado en alguna ocasión dónde aparecieron los camafeos por  primera vez o cómo están realizados? Estas son algunas de las preguntas que yo me hice cuando tuve esos pendientes en mi mano.

Un camafeo, según el diccionario, es, sencillamente, “un relieve obtenido de una piedra preciosa”. Pero para mí es mucho más que eso. Es increíble pensar que el procedimiento con que se fabrican ya era utilizado por los antiguos griegos que, a su vez, lo habían tomado de los persas durante las incursiones realizadas por sus ejércitos comandados por Alejandro Magno.

La técnica, posteriormente, llegó hasta los romanos, los cuales la utilizaron para decoración y joyería. Claro que, encontrar una pieza de esta época es muy raro, pues sólo aparecen en subastas muy especializadas. Sabemos que  por entonces, era frecuente que los nobles llevaran anillos con camafeos, realizados en esmeraldas y rubíes de un tamaño no muy grande. Y también tenemos constancia de que los emperadores romanos los usaban frecuentemente como insignias en su ropaje. ¿Os imagináis a Octavio Augusto, con su toga imperial, luciendo un camafeo de ágata…?¡Increíble!, ¿verdad?

A finales del S. II d. C., esta moda desapareció y pasaron muchos años hasta que esta técnica volvió a relucir en el Renacimiento italiano de la mano de los grandes coleccionistas de la época, como Lorenzo De Medici. Su influencia llegó hasta la corte francesa, donde Francisco I lució en numerosas ocasiones piezas de este tipo. Y por supuesto, a Inglaterra, donde Enrique VIII, en su pasión por este tipo de joyas, creó su propio taller para su realización. Durante este período fue frecuente que se buscaran piezas antiguas de época romana y se trasformaran para convertirlas en joyas más a la moda del momento. Al estar las piezas romanas montadas sobre bases de oro muy sencillas, se solían desmontar para volver a utilizarlas en broches más grandes, montados sobre bases de oro con piedras preciosas y, con ellas, decorar capas de terciopelo, sombreros, o lucir en el escote de alguna gran dama de la corte.

A raíz del descubrimiento de América, entraron en Europa gran cantidad de materiales más exóticos para la realización de dichas piezas, como colmillos, jade, ámbar o caparazones gigantes. Pero el descubrimiento más importante para esta industria, fue el de la concha Cassis tuberosa. Estas  conchas eran muy adecuadas para este trabajo, ya que se componían de capas de distintas tonalidades de color, lo que permitía dar a los relieves una profundidad y trasparencia desconocidas hasta el momento. La técnica se desarrolló en Italia, concretamente en Sicilia, pero de ahí pasó rápidamente a la zona de Nápoles, extendiéndose pronto al resto del país. En pocos años, muchos artistas italianos comenzaron a trabajar en Francia e Inglaterra, difundiéndose rápidamente esta práctica por toda Europa, durante los siglos XVI y XVII.

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En la época napoleónica, los camafeos, principalmente, se decoraban con  elementos neoclásicos, siendo muy frecuente que mostraran temas mitológicos, o representaran a filósofos, a emperadores, o a nobles y personajes del clero de la época romana. Los marcos de alrededor, normalmente de oro, eran de una finura de ejecución y detalle excepcionales, conocidos como roman seal setting. Estos camafeos eran frecuentemente montados como pulseras, con 3 ó 4 colgantitos, y eran conocidos como esclavas.

La fama de los camafeos se extendió hasta las clases sociales más populares, gracias a que la “concha” era un material mucho más barato que los utilizados hasta ese momento, lo que popularizó su uso y producción, limitando el privilegio de llevar los camafeos de piedras preciosas a la alta sociedad.

De esta época es una de las tiaras para mí más bellas de la realeza europea: “La tiara de Josefina Bonaparte”, la cual, hace muy poco, hemos podido ver lucir a la princesa Victoria de Suecia el día de su boda. Una pieza espectacular, con pendientes a juego, y que ella lució con una sencillez y elegancia asombrosas.

Y así llegamos hasta el S. XIX, época a la que pertenece el juego que me regalaron a mí. De esta época es de la que más constancia y herencia nos han quedado, ya que proliferaron numerosos talleres, tanto en Italia, como en Francia e Inglaterra, para la realización de camafeos en “concha”. Aunque también se utilizaron materiales como el ónix, lapislázuli, coral, ágata o marfil. Estos en menor medida ya que eran más caros.

Durante el primer victoriano y la época romántica, se hicieron muy famosos los camafeos de Minerva, Medusa y Bacchante.

Entre 1860 y 1880, los artesanos italianos montaron bold hardstone (camafeos al oro amarillo con marcos decorados ), en los que los motivos volvieron a ser extremadamente clásicos, rayando en lo erótico.

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Durante el S. XX, proliferaron los camafeos de pasta y cristal. También fue muy corriente en esta época la realización de camafeos en oro bajo, de 9 kilates, o en plata con marquesitas.

Nosotras, en la tienda, nos hemos centrado en las reproducciones de plata dorada. Así os resultará más sencillo encontrar unos pendientes o un anillo inspirados en los montajes romanos. O quizás un broche de plata dorada a juego con sus pendientes, en el más puro estilo Renacimiento.

Me encantan los collares de encaje con camafeos y perlas de estilo Victoriano. Siendo ésta otra de las líneas en las que nos hemos especializado.

En las fotos que ilustran este artículo, podéis apreciar con más detalle algunas de las piezas que tenemos en este momento en la tienda.

Yo tengo la suerte de poder lucir, en momentos especiales, esos pendientes con broche que me regalara mi querida suegra, y que también podéis ver en una de las fotos que os adjunto.

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¿Y qué opináis vosotras? ¿Os gustan los camafeos?

¿Os imagináis como Ana Bolena, luciendo unos pendientes en ese estilo?

¿O tal vez os inclináis más por el terciopelo y los encajes de la época de la Reina Victoria de Inglaterra?