Diccionario Vintage: Con la “P” Perlas Barrocas

Así es como se llama en Portugal a esta clase de perla de forma irregular. En España se las llama “Barruecas”.

Precisamente de esta palabra portuguesa viene el término “Barroco”, con el que se designó al estilo artístico posterior al Renacimiento al que se consideró un arte exagerado, recargado y caprichoso.

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Estas perlas se forman de la misma manera que todas las perlas naturales. El proceso comienza cuando en el interior de un molusco se introduce una partícula extraña; entonces el animal reacciona produciendo y cubriendo al intruso con una sustancia compuesta de cristales de carbonato cálcico y una proteína llamada conchiolina, que es lo que vulgarmente llamamos nácar o madreperla. La naturaleza crea las perlas con una forma perfectamente redonda, pero también a veces es caprichosa y las perlas presentan en su forma algunas irregularidades. Estas son las perlas barrocas. Menos apreciadas que las redondas, pero algunas de ellas tan curiosas y peculiares que llegan a tener un valor incalculable.

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Las perlas barrocas tienen algo que no poseen las perlas convencionales, y es que no hay dos perlas barrocas iguales. Llevar una joya con estas perlas supone llevar algo totalmente exclusivo y único. A mí personalmente, las perlas barrocas me gustan muchísimo, las encuentro mucho más originales, desenfadadas y divertidas. Parece que tengan vida.

A lo largo del tiempo se han encontrado ejemplares de perlas barrocas impresionantes y de un valor incalculable; como por ejemplo: la perla Gogibus (siglo XVII), la perla de Asia (siglo XVI), la perla Hope y otras muchas, a cual más bonita.

 

La Reina que puso de moda el traje de novia de color blanco.

El 10 de febrero de 1840, en la Capilla Real , St. James contraían matrimonio la reina Victoria de Inglaterra y el príncipe Alberto, el día amaneció lluvioso, pero esto no impidió que la ceremonia fuera seguida en directo por miles de súbditos ingleses.

La reina  rompía por primera vez una costumbre bastante arraigado entre las mujeres de la casa real británica al contraer  matrimonio con un traje de color blanco en lugar de usar una rica tela bordada en oro o en plata. Pero Victoria, que ya era Reina, cuando contrajo matrimonio, pudo decidir sin presiones como sería su vestido de novia. Un vestido relativamente sencillo, para lo que estaban acostumbradas a lucir las mujeres de sangre real y que la reina decidió realizar con una seda natural de la prestigiosa zona de Spitafields, y con encaje de Honinton.

La historia de la seda de la zona de Spitalfields en Londres es tremendamente curiosa. A finales de 1687 se registraba la existencia de unos 13.000 protestantes franceses instalados como refugiados en una pequeña zona al norte de la ciudad. Allí comenzarían lo que sería una de las actividades más lujosas y lucrativas de la época. Los protestantes franceses instalaron sus telares de seda y comenzaron a fabricar lo que en pocos años se convertiría en el objeto de deseo de la mayoría de las mujeres de la nobleza de Europa y las clases pudientes de estados Unidos. Las famosas sedas de Spitalfields.

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Durante los siglos XVII y XVIII la zona vivió un crecimiento enorme con la construcción de casas adosadas muy bien equipadas para dar cabida a todos los maestros tejedores y la zona creció rápidamente. A  principios del S.XVIII comenzaron a llegar los tejedores irlandeses movidos por el declive de la industria del lino irlandés, con las expectativas de encontrar trabajo en la industria de la seda.

El comercio con Francia se encontraba en una época de bastante apogeo y la competencia, aunque feroz, mantenía la producción boyante. A mediados de siglo comenzaron los disturbios entre los tejedores y las protestas por los ínfimos salarios y las pésimas condiciones de vida. Entrado el S.XIX y en la época en que la soberana contraía matrimonio,  la industria de la seda había entrado en una larga decadencia. Es probable que la Reina eligiera esta seda con la esperanza de fomentar el interés por los productos realizados en Inglaterra y con la intención de reflotar  los pequeños talleres que estaban tendiendo a desaparecer.

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Por el mismo motivo seguramente elegiría los encajes de la zona de Honiton.  Esta zona de Inglaterra se popularizo por la realización de un tipo de encaje del tipo de los bolillos, un encaje con motivos florales y naturales que van unidos con una finísima red. El Encaje Honiton es uno de los mejores y más delicado y aunque es especialmente frágil, también es particularmente hermoso y adecuado para velos de novia y delicados juegos de té.

Es posible que esta técnica fuera introducida en Inglaterra por inmigrantes flamencos durante la época isabelina, que llegaron en busca de libertad religiosa. Pero fuera como fuese, si sabemos que a principios del S.XVII la mayoría de las casas de esta zona contaban con un miembro capaz de realizar este tipo de encaje y que a finales de este siglo más de la mitad  de los residentes en la zona se ganaba la vida como encajera.  Este oficio siempre fue realizado mayoritariamente por mujeres.

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La reina encargo una gran pieza de encaje en el que se emplearon más de doscientas personas y en el que se trabajó desde, marzo hasta noviembre sin parar. La pieza media más de 3 metro y medio de largo y 70 cm de ancho. Como resultado de esta elección la reina popularizo, Honiton y Spitalfields  convirtiendo a las dos en objetos de  deseo para las novias de clase alta de mediados del S.XIX. Al menos en cuanto al encaje de Honinton cada novia inglesa esperaba tener al menos un pañuelos o un pequeño mantel decorado con adornos de encaje de esta zona.

Aunque ya mucho antes de la boda de la reina victoria el blanco era popular para realizar vestidos de novia entre la alta nobleza hay que reconocer que fue a partir de este momento  cuando verdaderamente se popularizo su uso, o más que popularizarse se puso de moda entre la alta burguesía y la nobleza.  Las bodas entre las clases más poderosas eran alianzas políticas más que verdaderas historias de amor, y así el vestido de boda no era más que otra  excusa para mostrar la riqueza de las familias de los novios.

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Se demostraba la riqueza con joyería (algunas novias del Renacimiento Italiano, por ejemplo, llevaban la dote cosida en el vestido), aunque las telas eran también una forma importante de mostrar riqueza, y cuanto más elaborado era el tejido y más raro el color, más se demostraba el poder de la familia.  Hay que recordar que antes de la invención de técnicas efectivas para banquear las telas, el blanco era un color valorado: era difícil de conseguir y difícil de mantener. Las novias ricas, por tanto, llevaban a menudo el blanco para demostrar su dinero, no su pureza como se suele pensar ahora.

La Reina en lugar de elegir una de las soberbias tiaras con que cuenta la corona británica entre su impresionante colección de joyas, prefirió  lucir  una discreta corona de flores (símbolo de pureza) con una pequeña cantidad de mirto (símbolo de amor y felicidad), y éstas también se convirtieron en las flores más populares entre las novias de toda Europa y aun hoy podemos encontrar muchas novias que eligen su tocado inspirándose en estas piezas de mediados del S.XIX. No obstante la reina eligió para un día tan especial un broche de zafiro y diamante regalo de su prometido y su magnífico collar de diamantes y aretes de Turquía.

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La boda de Victoria fue ampliamente publicitada, y ampliamente copiada, incitando a un enorme número de novias a vestir de blanco. Aunque el factor más importante en la popularidad del color blanco en las novias fue el nacimiento de una gran clase media con posibilidad de gastar por primera vez en la historia moderna. Esta clase media se esforzó para emular las costumbres de la clase alta.

La Reina  le tenía tanto cariño a su vestido, que posó para numerosas pinturas con él y aunque fue criticado por algunos en su momento por ser demasiado simple a ella le encantó y apreció tanto su belleza durante toda su vida que reutilizó el volante para lucirlo en varias ocasiones importantes, y permitió a su hija Beatriz utilizarlo  el día de su boda.

El vestido de la boda de la reina Victoria es aún hoy, una verdadera joya a pesar de que ya no está unido a ese maravilloso volante de encaje.

La Reina lo amó tanto que pidió ser enterrada con su velo de novia.

Bibliográfica

Tedreamstress.com

Queenvictoria.victoriana.com

Orderofsplendor.blogspot.com.es

Diccionario Vintage: Con la “P” Pulsera

Pulsera, adorno de joyería que rodea la muñeca por completo. La pulsera suele estar formada por eslabones de variado tamaño, lo que permite que sea una joya flexible y se adapte perfectamente al tamaño de la muñeca que lo luce, a diferencia de los brazaletes que son rígidos.

Es frecuente utilizar esta misma palabra para definir los relojes que se llevan en la muñeca, reloj de muñeca.

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Hay muchas variantes para asignar las pulseras,  las más comunes son: semanario, para asignar pulseras de siete aros iguales; brazaletes, de los que ya hemos hablado con anterioridad; esclava, tipo de pulsera con una placa grande que suele llevar un nombre grabado.

Las pulseras son adornos de joyería usados tanto por hombres como por mujeres. La moda en el uso de pulseras se ha extendido con el paso de los años, siendo un tipo de joya que se puede usar tanto de día como de noche.

magenes: @María López-Linares- Vintage Photography

Las joyas de Gina Lollobrigida

El próximo 14 de mayo se celebra en la casa Sotheby´s de Ginebra una grandiosa subasta de joyas. Entre ellas se encuentran 22 importantes piezas de la actriz Gina Lollobrigida. La artista vende parte de su magnífica colección de joyas para recaudar fondos con fines benéficos, concretamente para la investigación sobre células madre.

Todas las piezas que subasta la actriz fueron diseñadas y realizadas por la casa Bulgari en los años 50 y 60, siendo lucidas por la actriz en numerosas ocasiones.

Esta subasta me recuerda a la que en diciembre de 2011 se realizó en la casa Christie`s, en la que se subastaron las joyas de la mítica Elisabeth Taylor. Entre ellas la famosa perla Peregrina, sobre la que he hablado hace unos días en la revista “Pasarela de Asfalto”.

La actriz fue descubierta mientras era estudiante en la Academia de Arte de Roma, al decidir participar  en el concurso de Miss Italia en 1947, por el famoso director de cine italiano Vittorio de Sica. En pocos años viajaba a Estados Unidos, y en 1953 debutaba en la película de John Houston “La burla del diablo”. En 1961 recibe un Globo de Oro por su papel protagonista en “Cuando llegue septiembre”, una divertida comedia junto a Rock Hudson.

En 1970 la actriz se coloca detrás de las cámaras, convirtiéndose en fotógrafa y llegando a publicar 10 libros de fotografía. Os dejo el link a su página web, donde pueden verse algunas de las imágenes que ha ido tomando a lo largo de su carrera como periodista y fotógrafa.

Esta es la lista de algunas de las joyas que se subastan:

  • Anillo de diamantes de Bulgari de 1962, 19.03 quilates (precio estimado 600.000 – 1.000.000 dólares)
  • Anillo de esmeraldas y diamantes de 16,62 quilates de 1964 (entre 120.000 – 180.000 dólares).
  • Conjunto de collar/pulsera de diamantes, Bulgari, 1954 una de las piezas favoritas de Miss Lollobrigida y que lució en la entrega del premio de Globo de Oro a la mejor actriz en 1961 (estimado en 300.000 – 500.000 dólares).
  • Pendientes de esmeraldas y diamantes, Bulgari, 1964. De cada pendiente cuelga un pendiente desmontable engarzado en el centro con una esmeralda en forma de pera (estimado 150.000 – 250.000 dólares).
  • Pendientes de perlas naturales y diamantes, Bulgari, 1964, que la actriz lució en  el estreno de “La mujer indomable” en Londres en 1967 (estimado 600.000 – 1.000.000 dólares).
en el Waldorf Astoria de Nueva York en 1963.

Comentando la venta Gina Lollobrigida dijo: “He tenido la suficiente suerte como para desempeñar muchos roles en mi vida: como actriz, madre, periodista gráfica, embajadora de las FAO y artista. Empecé a coleccionar joyas de Bulgari en los 50 y 60, atraída por la maravillosa artesanía y distintivo estilo de estas piezas. Me han acompañado en muchos viajes, tanto profesionales como personales, me rememoran aquellos tiempos y la extraordinaria gente que conocí en el camino”.

Ahora, parte de esta extraordinaria colección sale a subasta, pero antes podrán verse en Londres, New York y Roma, para volver a Ginebra donde serán subastadas. Lo que más me alegra de todo es que se van a subastar para una causa benéfica.

LINKS DE REFERENCIA:

“Jewerly News Net Work”

“Papuatatto”

“The Jewellery Editor”

“Gina Lollobrigida”

“Tumblr”

Piccarda Bueri y Giovanni di Bicci… los orígenes de la Banca Medici.

Piccarda Bueri había nacido en Verona en 1368 en el seno de una antigua, noble y adinerada familia toscana. Por su parte, Giovanni di Bicci de Médici era uno de los cinco hijos de Averardo de Médici, quien a su muerte dejó lo poco que tenía a su viuda y sus cinco hijos. Giovanni despuntó desde muy joven como hombre hábil, inteligente y avispado para los negocios. Su tío Vieri  se dio cuenta enseguida y lo contrató como aprendiz en la Banca Medici de Roma.

Giovanni y Piccarda se unieron en matrimonio en 1386. Un matrimonio de conveniencia al que ella aportaba una gran dote y título nobiliario, y él un futuro más que prometedor en la que llegó a ser una de las primeras bancas italianas.

Y así fue como Giovanni, utilizando la dote de Piccarda y sus dotes como hombre de negocios, consiguió en muy poco tiempo desbancar a su tío al frente de la Banca Medici de Roma, convirtiéndose en el capo y fundador de la familia Medici, y en unos de los hombres más ricos del Renacimiento iataliano.

Hombre reflexivo y reservado, se distinguió por su forma de vestir sencilla y por un estilo de vida centrando en sus negocios y en la paz serena de su familia, con su amadísima esposa y sus dos hijos varones: Cosme y Lorenzo.

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El retrato de Piccarda fue realizado en el taller de los hermanos Polliurio, pero no he sido capaz de encontrar por iniciativa de quién se hizo el encargo, ya que está fechado en 1470, mucho después de la muerte del matrimonio.

Los hermanos Polliurio habían nacido en la ciudad de Florencia, de padre muy humilde del que tomaron su sobrenombre. Él vendía aves de corral, gallinas, (pollaio significa gallinero). El viejo Polliurio pronto se dio cuenta de las dotes artísticas de sus hijos, por lo que colocó a Antonio en el taller de orfebrería de Bartoluccio Ghiberti, maestro entonces sobresaliente, y a Piero con el pintor Andrea del Castagno que era por entonces el mejor de Florencia.

Ambos hermanos sobresalieron hasta tal punto, que al poco tiempo ya abrían su propio taller de orfebrería, convirtiéndose en rival del de Verrocchio en poquísimo tiempo. Cuenta Vasari, famoso arquitecto, pintor y escritor del Renacimiento italiano en su famosa obra sobre biografías, que los hermanos Polliurio llevaron a cabo disecciones para mejorar su conocimiento de la anatomía, adelantándose bastante en estas prácticas a Leonardo Da Vinci.

Es difícil definir cual de los dos hermanos realizó el retrato de Piccarda ya que no solían firmar sus obras, pero se cree que la obra es de Antonio, que brilló más que su hermano en el arte de los colores.

La figura de Piccarda se presenta en la obra de perfil, de acuerdo con la tradición de los retratos de la época. Un cielo azul y unas pequeñas nubes al fondo, dejan la figura de Picarda casi como suspendida en el espacio.

Picarda lleva un vestido muy escotado, ceñido con unos pequeños botoncitos. Sus mangas son lujosas, como solían serlo en los vestidos de las damas de la alta burguesía de la época.

Me gusta como está peinada, el velo, el largo collar de pequeñas perlitas que decoran su moño y que se ocultan entre los diferentes recogidos. Me recuerda a las bailarinas de ballet clásico: etérea, elegante y con un aire distinguido y un tanto distante.

Y en el cuello, mi desvelo, un collar corto: tres perlas blancas y una negra, tres perlas blancas y una negra… y así sucesivamente hasta llegar al colgante con un gran rubí y dos perlas colgando.

La extraordinaria riqueza de su vestido, el peinado y las joyas que lleva nos dejan imaginar que se trata de una figura prominente de la Florencia del siglo XV. Todo en ella es distinción y elegancia, pero su porte es sencillo y seguro.

Una inscripción en el panel posterior lo calificó como la esposa de un banquero florentino, Bardi Giovanni, estando fechado el trabajo en 1470.

Piccarda murió en 1433, solamente 3 años después que su amado Giovanni, siendo enterrada junto a su amadísimo esposo en la Sacristía Vieja de San Lorenzo de Florencia. Cuentan las crónicas de la época que, al morir su esposo, Piccarda quedó sumida en tan profunda tristeza que no logró nunca superarlo.

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Carlo Marsuppini‬, conocido filósofo y hombre de letras de la época, escribió una oda en su memoria en la que comparaba a Piccarda con Porcia, Julia Cesar, Artemisa y Penelope. Todas ellas mujeres recordadas por el amor, el sufrimiento y los desvelos que dedicaron a sus amados.

Desde hace un mes esta preciosa pieza de la joyería Renacentista puede verse en nuestro espacio de Madrid y en nuestra tienda online. 

Giovanna Tornabuoni

Conocer todos los avatares y caminos que ha recorrido un retrato a lo largo de 525 años no es nada sencillo, pero en el caso de esta extraordinaria obra de Ghirlandaio somos afortunados. Conocemos todos los viajes que ha realizado la obra ya que se encuentran perfectamente documentados. Os aseguro que me ha resultado más que emocionante seguir su pista por todo el mundo…

Permaneció en el Palazzo Tornabuoni de Florencia, su primer hogar, hasta que pasó a manos de la familia Pandolfini. Más tarde formó parte de la colección del barón Achille Seillière y la princesa Sagan en Francia. Sabemos que en 1878 se encontraba en Brighton, en la colección de Henry Willet, y que a principios del s. XX estaba en manos de Rudolf Kann, con el que no permaneció demasiado tiempo ya que en 1907 es el millonario americano J. Pierpont Morgan -fundador de la Banca J.P.Morgan y uno de los coleccionista de arte más importante de la historia- quien se hace con la obra. Se comentó que su deseo por la posesión de esta obra fue debido al recuerdo que la juventud y belleza del retrato le produjo de su primera esposa, fallecida de tuberculosis a muy temprana edad cuando apenas llevaban cuatro meses casados.

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El 219 de Madison Square hogar de Giovanna a principios del S.XX

De esta época es la imagen que muestro de la obra, donde podemos apreciar la obra expuesta en un caballete a la entrada de un gran salón y rodeada de otras obras de arte. La habitación es la “West room” del 219 de Madison Avenue, hogar de la familia Morgan en Nueva York.

Tras el fallecimiento de J.P Morgan su hijo vendió el cuadro en el año 1935, junto con otras piezas de la colección al barón Thyssen, padre del marido de Carmen Cervera.

El barón Thyssen lo trajo de vuelta a Europa, permaneciendo durante bastantes años en villa Favorita, una de las residencias del barón en la ciudad de Lugano(Suiza). No puedo ni imaginarme la sensación que debe sentirse al entrar al salón de tu casa y encontrarte con semejante maravilla…

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Pero, ¿quién era Giovanna? Su nombre de soltera: Giovanna degli Albizzi, 8ª hija de un comerciante florentino que casó con Lorenzo Tornabuoni el 15 de junio de 1486, muy enamorada. Algo bastante inusual para la época, dónde los matrimonios se realizaban por conveniencia y sin amor. Su boda duró tres días con fiestas, bailes y banquetes, siendo una de las mas documentadas de la época. Sabemos que Giovanna se casó de blanco luciendo un esplendido peinado con costosos adornos. Llegó al Palazzo Tornabuoni acompañada por su padre donde fue recibida por su suegro. Entre los invitados la flor y nata de la sociedad florentina. Y como invitado de honor: Dn. Iñigo López de Mendoza, embajador de España.

Después del banquete todos los invitados se trasladaron a la plaza que había delante de la Iglesia de San Michele, y allí, en una tarima vistosamente decorada para la ocasión, se desarrollaría el baile. Los novios pasarían la noche de bodas en el Palazzo Tornabuoni en una habitación elegantemente decorada para la ocasión. La fiesta se prolongó por dos días más y el segundo día se unió al convite Lorenzo de Médici, primo de Lorenzo Tornabuoni y uno de los hombres más influyentes de la época. Le siguieron justas y torneos, que Naldo Naldi narró con todo lujo de detalle en sus crónicas.

Giovanna y Lorenzo tuvieron enseguida un hijo. Pero la alegría en la casa no duraría mucho tiempo. Giovanna fallecería apenas un año y medio después de la boda, cuando se encontraba embarazada de su segundo hijo. La pérdida de su bella esposa y el hijo que esperaban dejó a Lorenzo desolado, encargando al poco tiempo su retrato póstumo. Algo muy corriente en esa época.

El retrato de Giovanna es espectacular. No me extraña que todos sus anteriores dueños se enamoraran de ella nada más verla. Tener el privilegio de disfrutar de esta obra en tu propia casa debe ser algo inimaginable…

Giovanna luce bellísima, permaneciendo erguida y segura y transmitiendo una noble pose de serenidad. Su mirada firme y un tanto perdida en el infinito hacia lo que imaginamos como una ventana por la que penetra la luz. Una luz que ilumina su rostro, su pecho y sus ricos ropajes pero que deja sus manos en una suave penumbra.

Impresiona el gran contraste de coloridos: los negros con los amarillos, dorados, rojos y naranjas que consigue Ghirlandaio. En un principio la obra permaneció enmarcada en dorado, así aparece al menos reflejado en un inventario del Palacio Tornabuoni en 1498. Nos hablan de un retrato de Giovanna, colgado en la habitación de Lorenzo con una marco dorado. Pero en la actualidad la moldura que la enmarca es casi negra, resaltando sobremanera el dorado de su pelo y los dorados y rojizos de su ropaje.

El retrato posee un poder hipnotizador… Os aseguro que cuesta trabajo retirar la mirada de ella. Te atrapa.

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Como era de suponer, a mí los ojos se me fueron de inmediato hacia su broche. Una preciosa pieza de joyería que Ghirlandaio supo dibujar con delicadeza y mimo, colgándolo sobre su pecho mediante un finísimo hilo de seda.

Mi deseo al mirarla fue que se girara, para así poder contemplar su belleza al completo…

Salí del Thyssen con el firme propósito de reproducir esa preciosa pieza que pendía de su cuello. Y eso es precisamente lo que hace que hoy traiga hasta nuestro espacio Vintage el colgante de Giovanna Tornabuoni.

Si vives en Madrid o piensas venir por aquí, no dejes de reservar un momento para visitar este magnífico retrato, considerado como “la joya de las joyas” de la colección Thyssen y una de las obras más emblemáticas del renacimiento italiano.

Por último os adjunto un vídeo de la fantástica conferencia que sobre la obra dio D. Guillermo Solana en 2009.

Y también  os dejo el link a esta preciosa joya: El colgante de Giovanna Tornabuori 

Cecilia Gallerani, la amante adolescente de Ludovico el Moro

“La dama del armiño” llegó hasta mí de manera inesperada. De repente, todo el Time Line de mi Twitter se llenó de noticias sobre la llegada de este retrato de Leonado da Vinci a Madrid. La joya más valiosa de Polonia, decían de ella.

El retrato me entusiasmó desde un principio. Me llamó poderosamente la atención su peinado, y esa especie de velo que cubría su cara hasta casi la altura de las cejas. Quería saberlo todo sobre ella… ¿Qué extraño animal sostenía entre sus brazos? El porqué de esa mirada perdida y su enigmática sonrisa. Y su collar… ¿serían, perlas o azabaches? Quería tener ese collar en nuestro espacio. Me encantan esos collares largos, que luego tanto se llevaron en los años 20. Es uno de mis complementos preferidos, los uso casi a diario.

No tardé ni un segundo en decidir que tenía que escribir un post sobre ella.

Mi primera idea fue ir a verla y luego ponerme a escribir. Pero, enseguida  decidí que prefería conocerla antes, indagar sobre su vida, intentar entender cómo era cuando Leonardo la pintó. Después, iría a verla y os contaría mis impresiones.

Su nombre es Cecilia Gallerani, nacida en Siena en el seno de una familia sin título nobiliario, pero con muy buen nivel económico, ya que su padre fue embajador de Florencia. Su padre supo trasmitirla una gran pasión por las artes. Amaba la literatura, la música y era capaz de hablar latín perfectamente.  Escribía preciosas poesías en italiano. Todo ello le convirtió en una mujer inusualmente culta para su época.

Arribó a Milán con apenas 16 años y, con semejante carta de presentación, unida a su elegante belleza, tardó muy poco en entrar a formar parte de la corte de Ludovico Sforza “El Moro”.

Ludovico Sforza, duque de Milán y uno de los hombres más poderosos e influyentes de todo el renacimiento italiano, no es de extrañar que quedara prendado de ella casi al instante y la convirtiera en su concubina, su amante oficial, cuando apenas contaba 17 años. Cecilia le dio un hijo, y Ludovico le donaría el feudo de Saronno en reconocimiento a su amor.

Cecilia se convirtió en una de las protagonistas de las numerosas tertulias y actividades culturales en la corte de Milán. Le compararon con apasionantes mujeres de la antigüedad como Aspia de Mileto (esposa de Pericles) o Asiotea (alumna de Platón).

En esos años Leonardo trabajaba a las ordenes de Ludovico como maestre de ceremonias y de las cocinas ducales, por lo que Cecilia y él coincidirían en más de una ocasión en el Palacio Sforzesco de Milan, siendo lógico que Ludovico encargara a Leonardo el retrato de su amante.

¿Conseguirá Leonardo transmitirme toda la personalidad de Cecilia? Necesito ir  a verla, y eso es exactamente lo que voy a hacer mañana. Luego os seguiré contando…

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Tras mi visita del pasado día 28 de junio a la exposición, en el Palacio de Real de Madrid:

Hacía años que no entraba en el Palacio Real, y la verdad es que su Patio de Armas me impresiona siempre que lo piso… Las salas de la planta baja de su ala de poniente, han sido el marco elegido por el Patrimonio Nacional de España y el Museo Nacional de Cracovia, para albergar a “la Dama del Armiño” en su visita a Madrid.

Tras la visita a las distintas salas conteniendo pintura, armas, armaduras, monedas, arte sacro…, la incontenible emoción de sentirme ya próxima a mi objeto de deseo, me hizo comenzar a sentirme impaciente. De repente, nada más entrar en la sala dedicada a la pintura occidental en las colecciones polacas del siglo XIX, entre las obras de la colección del rey Estanislao II Augusto Poniatowski, me topé, como queriéndose salir del cuadro, con “Niña en un marco”, la impresionante obra del genial maestro holandés Rembrandt, y de la que algún día me gustaría contaros algo.

Finalmente y como broche de oro de esta magnífica colección, sin otra pieza en la sala con la que distraer nuestra atención, me encontré frente a frente con ella.

Lo que tanto había llamado mi atención ya anteriormente a través de ilustraciones, es esa gasa transparente, rematada con un ribete de hilo de oro, que cubre sutilmente su cabeza hasta justo encima de las cejas. A través de ella se percibe su cabello negro cayendo liso a ambos lados del rostro y recogido en una trenza. Su collar es de perlas. Las perlas tienen un brillo especial irisado en tono oscuro.

El extraño animal que acoge sobre su pecho no es muy probable que fuera un armiño. Este mustélido es demasiado salvaje para posar dócilmente para un retrato sobre los brazos de una dama. Parece que Leonardo utilizó un hurón o un turón albino, mucho más domesticable y muy parecido en tamaño y corpulencia al armiño. Quizás Leonardo utilizó este animal en alusión al nombre por el que era conocido Ludovico: Ermellino (armiño), o a que el apellido de Cecilia coincidía parcialmente con el nombre en griego de este animal (gale).

Definitivamente Leonardo lo consigue… Cecilia me habla al mirarme de soslayo. Me transmite bondad, serenidad, inteligencia. Su mirada es serena a la vez que enigmática. Ella es la amante del poderoso Ludovico Sforza, pero su rostro trasmite dulzura, distinción y seguridad. Creo que es una amante segura de sí misma. Es la concubina de uno de los hombres más poderosos del renacimiento italiano, y se muestra orgullosa de ello.

Reflexiono sobre las diferencias entre las jóvenes de hoy y las contemporáneas de Cecilia. Hoy, una joven de 17 años es tan sólo una adolescente, en el mejor de los casos bachiller en un colegio y tan sólo preocupada por la ropa, sus amigas y las fiestas.

En el Renacimiento una joven de esa misma edad ya estaba casada, probablemente con un hombre que le doblaba en edad, al que casi ni conocía y al que no amaba. Era madre de más de un hijo o, aun peor, era la amante de algún influyente y maduro varón en contra de su voluntad.

¿No os parece increíble pensar como vivían estas niñas en el Renacimiento?

“La dama del armiño” ha sobrevivido a dos guerras mundiales, la expoliación de los nazis, varios intentos de robo y ahora, por primera vez desde su creación de la mano del genial Leonardo, se encuentra en Madrid. Creo sinceramente que merece la pena ir a ver esta magnifica obra. Es muy raro que vuelva a abandonar la Polonia que la prohijó en 1.800, y no creo que podamos volver a verla de nuevo en España por muchos años.

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Os dejo el link al collar de esta Dama que tanto ha dado que hablar através de los siglos:

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Bia di Medici

Estos pendientes llegaron hasta nuestro espacio por pura casualidad, pero quedé prendada de ellos nada más verlos.

La elegante tonalidad de su cuarzo y la pequeña perla colgando, me entusiasmaron desde el primer momento.

De inmediato me puse a buscar información sobre la primera propietaria de tan delicada pieza, no tardando en dar con ella: Bia De Medici, también conocida por Bianca.

Cuando vi por primera vez el retrato que Bronzino había realizado de ella, no sabría explicar muy bien cual fue la sensación que me causó. Mi primera sorpresa fue la de comprobar que se trataba de una niña. Una niña de poco más de cinco años que, si bien mostraba una belleza y dulzura indudables,  me trasmitía algo que me inquietaba. Encontraba su mirada tan fría y distante…

Y es muy curioso, porque el día que comencé a escribir esta entrada, vino a casa a tomar café una gran amiga y le enseñé el retrato, para que me diera su opinión. Al ser ella pintora, su opinión me resultaba más que indicada. Y cuál fue mi sorpresa al comprobar que a ella le resultaba tan inquietante como a mí.

Hasta que no conocí la historia de Bia, no fui capaz de entender por qué este retrato, siendo de una belleza difícil de igualar, me inquietaba tanto al mirarlo.

Quisiera pediros un favor. Deteneos unos instantes en esta obra. Sentid qué os trasmite Bia durante unos instantes… y luego, continuad leyendo.

La historia de Bia, aunque triste, se desarrolló en uno de los hogares con más lujos y refinamiento de la Italia del S.XVI.

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Hija ilegitima de Cosme I de Medici, nació cuando su padre apenas había alcanzado los 18 años de edad y aún no se había casado. Bia nunca vivió con su madre y ni siquiera sabemos quien fue ella.

Al poco de nacer fue llevada a Florencia a vivir con su padre, sabiendo que Cosme I siempre sintió una predilección especial hacia ella, mimándola y dándole todos los caprichos que se le antojaban.

La alegría de ambos duro muy poco. Cosme I contrajo matrimonio con  Leonor de Toledo -los que habéis seguido mi blog os acordareis de ella: “Un broche y dos Leonores“-,  exigiendo ésta inmediatamente el traslado de la niña a “Villa Di Castello”,  donde viviría con su abuela paterna.

Bia compartió esos años en el palacio con Giuliana, hija ilegitima de Alejandro de Medici y apenas dos años mayor que ella. Las niñas compartieron juegos y travesuras y fueron la alegría de su abuela, hasta que en 1542 ambas enfermaron de unas fiebres. Cosme I exigió que se le informara a diario del estado de las pequeñas, pero lamentablemente a los pocos días Bia fallecía. Tenía apenas 6 años.

Cosme I encargó de inmediato el retrato a Bronzino, en esos momentos ya un reputadísimo artista.

Lo que me dejó impresionada fue el enterarme de que Bronzino pintó esta preciosa tabla, a partir de la máscara funeraria que habían obtenido de Bia tras su fallecimiento. Bia nunca posó para el gran artista. En ese momento comprendí por qué el retrato me inquietaba tanto, y por qué la mirada de Bia me resultaba tan fría y distante.

Cosme I nunca llegó a superar la pérdida de su primera hija. Es por ello, que su retrato permaneció por muchos años en la galería privada de Cosme, para su contemplación personal y así mantenerla en su recuerdo.

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A pesar de la triste historia de la pequeña Bia, los pendientes me siguen pareciendo bellísimos. Creo que Bronzino eligió esta pieza de joyería por su delicadeza y sencillez. Y cuando los veo, no puedo por menos que imaginarme a Bia correteando por las porticadas logias de Villa Di Castello, bajo la complaciente mirada de su augusta abuela.

Dicen los expertos que este retrato de Bronzino es una de sus obras maestras.

¿Cuál ha sido vuestra primera impresión al contemplar este retrato?

Aquí os dejo el link a la ficha de los pendientes de Bia de Medici, espero que os gusten:

Pendientes de Bia de Medici

“Cien famosas vistas de Edo”

Hoy quiero rendir un sencillo homenaje al pueblo Japonés.

Os he traído hasta nuestro blog una preciosa vista del parque floral Dangozaka en Sendagi, inmortalizado por Hiroshige y perteneciente a su famosa colección de  grabados sobre plancha de madera “Las cien famosas vistas de Edo”. El grabado es de 1856.

En esta serie de grabados el artista japonés reflejó toda la belleza de los paisajes y costumbres japoneses, la luz en muy distintas horas del día y los distintos cambios que sufre su naturaleza en el trascurso de las distintas estaciones,especialmente de su capital Edo (actual Tokio).

La ciudad estaba siendo reconstruida tras otro devastador terremoto acaecido en 1855. Sin embargo, el artista no quiso mostrar los efectos de tan desoladora destrucción, sino que mostró la ciudad de forma optimista. De esta manera pretendía inculcar en la población un estado de animo jovial, positivo y vitalista.

El artista japonés inmortalizó en dos ocasiones más este precioso parque de la ciudad de Tokio, en el año 1857 en sus “Recuerdos Ilustrados de Edo”. El parque floral de Dangozaja en Sendagi, había sido fundado sólo unos años antes por el jardinero Kusuda Uheiji.

En nuestra imagen vemos, a lo largo de la orilla de un lago, un exuberante parque de cerezos en flor y varios visitantes ataviados con trajes de vivos colores paseando por la orilla, disfrutando de la breve, pero maravillosa época del  florecimiento de los cerezos. Al fondo vemos una escalinata muy empinada que sube hasta un cenador cubierto de paja. Arriba del todo les espera una espectacular vista: el barrio de Ueno y el estanque Shinobazu no ike.

En la parte más alta del grabado vemos un edificio de tres plantas,que parece ser, no se vio afectado por el terremoto de 1855. En cambio, el pabellón de té que queda a su lado quedó totalmente destruido. Hiroshige nos muestra en este grabado el edificio ya totalmente reconstruido.

La obra de Hiroshige estuvo muy reconocida en Europa y, años más tarde, algunos de los grandes maestros de la pintura europea, como Vincent van Gogh, realizaron copias de varias de sus pinturas. Tal es el caso de “Puente bajo la lluvia” (1887)  copia de El puente de Ohashi en Atake bajo una lluvia repentina y  “Ciruelo en flor” (1887)  copia de Jardín de ciruelos en Kameido.

Van Gogh llegó a decir: «Con ojos japoneses se ve más; se siente el color de un modo distinto».

Esta es mi pequeña aportación. Deseo que, con la ayuda de todos, vuelvan a florecer de nuevo los almendros en Japón.

Actualmente se puede adquirir un ejemplar sobre la colección de grabados en esta dirección: “Cien famosas vistas de Edo”