Diccionario Vintage: Con la “P” Pulsera

Pulsera, adorno de joyería que rodea la muñeca por completo. La pulsera suele estar formada por eslabones de variado tamaño, lo que permite que sea una joya flexible y se adapte perfectamente al tamaño de la muñeca que lo luce, a diferencia de los brazaletes que son rígidos.

Es frecuente utilizar esta misma palabra para definir los relojes que se llevan en la muñeca, reloj de muñeca.

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Hay muchas variantes para asignar las pulseras,  las más comunes son: semanario, para asignar pulseras de siete aros iguales; brazaletes, de los que ya hemos hablado con anterioridad; esclava, tipo de pulsera con una placa grande que suele llevar un nombre grabado.

Las pulseras son adornos de joyería usados tanto por hombres como por mujeres. La moda en el uso de pulseras se ha extendido con el paso de los años, siendo un tipo de joya que se puede usar tanto de día como de noche.

magenes: @María López-Linares- Vintage Photography

¿Lucirías el día de tu boda la Tiara Spencer, si fueras Kate Middleton?

Mucho se está especulando en estas semanas, sobre la posibilidad de que Kate Middelton luzca la tiara Spencer el día de su boda con el Príncipe Guillermo de Inglaterra. Incluso la revista “Hola” dedicó, hace pocos días,  un interesante reportaje a esta famosa tiara.

Desde el fallecimiento de la Princesa Diana no se ha vuelto a ver la joya en público, permaneciendo en manos de su actual propietario, el Conde Spencer, en  “Althorp House”, donde puede admirarse en todo su esplendor.

Esta magnífica joya luce como tiara desde hace relativamente poco tiempo. Por ello, no puede considerarse realmente una reliquia familiar, ya que su historia es bastante reciente. El devenir de esta pieza comienza en 1919, cuando Lady Sarah Spencer -hermana soltera del 6º Conde de Spencer-, regaló a su sobrina política, Cynthia, una bellísima pieza de joyería con motivo de su boda con Albert Edward. Cynthia y Albert se convertirían más tarde en los séptimos Condes de Spencer, y en abuelos de Lady Diana por línea paterna.

Esta  joya, que recibiera la abuela de Diana como regalo de boda, era una pieza de brillantes con forma de tulipán, y sería la que años más tarde se convertiría en pieza central de la famosa tiara.

 

Pero no fue hasta 1937 cuando realmente la tiara se convirtió en la joya que conocemos ahora, y que años más tarde luciría Lady Diana. En ese año fueron añadidos cuatro elementos más por la prestigiosa joyería Inglesa Garrard. Sabemos que el coste de este arreglo fue de 125 libras esterlinas de la época.

Casualmente, ese mismo año y en esa misma joyería, la Reina Isabel II sometía a algunos arreglos la Corona Imperial que usaría en el día de su coronación. ¿Coincidirían las dos tiaras en las manos del mismo orfebre por aquellos días?

Solamente los dos pequeños elementos que decoran el final de la tiara son realmente antiguos. Se cree que pertenecieron a una tiara propiedad de Frances, Vizcondesa de Montagu, y que fueron legados a Lady Sarah Spencer en 1875.

No parece lógico que en un día tan señalado para la historia de la monarquía inglesa, como lo es la boda de su futuro rey, la reina de Inglaterra vea con buenos ojos que la novia luzca una joya no perteneciente a la corona británica. Cabría esperar, por el contrario, que ella regalara a la futura esposa de su querido nieto alguna de sus magníficas tiaras, de tal forma que la llamada a sucederla como reina de Inglaterra algún día, luciera en tan señalada ocasión una de las piezas de la colección de la Casa Real.

En el supuesto caso de que Guillermo deseara rendir un póstumo homenaje a la figura de su madre, éste se vería obligado a pedirle prestada la famosa tiara a su tío, ya que como actual Conde de Spencer es su legítimo propietario.

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Guillermo ha querido tener presente la figura de su madre, al regalar a Kate el mismo anillo de compromiso que recibiera Lady Di de manos de su padre el día que estos se comprometieron en febrero de 1981. La joya es una magnífica sortija, con un zafiro ovalado de Ceilán de 14 quilates y un halo de 14 brillantes alrededor, montada sobre oro blanco por la famosa joyería Garrards. Esta joya fue elegida por la reina Isabel y su hijo Carlos para tan significada fecha. Su precio fue de 28.000 libras esterlinas.

Verdaderamente la tiara Spencer es una joya digna de una reina, pero también es cierto que la controvertida figura de Lady Di tal vez le restase protagonismo a Kate en tan señalada ocasión, si al final se decidiera a lucir la misma tiara que aquella lució  el día de su boda.

¿Tú qué harías?

Actualizo este post para incluir el vídeo que grabe sobre esta joya:

Un broche y dos Leonores

¡Qué casualidad ¡

Dos vidas casi paralelas, unidas en el S.XXI por una pieza de joyería. Un broche ovalado con una preciosa piedra en el centro y una gran perla colgando, que fue utilizado en su época como colgante de un magnífico collar de perlas y como broche para rematar una preciosa cinta en el pelo.

Después de casi 500 años, seguimos admirando la belleza de esta pieza, inmortalizada por dos grandes maestros de la pintura renacentista,  Bronzino y Joos Van Cleve.

Dos vidas apasionantes, dos mujeres luchadoras sufridoras y viajeras. Dos mujeres que han hecho historia por si solas y de las cuales nos quedan unos pocos retratos luciendo el broche Leonor.

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Nuestra primera Leonor, Leonor de Toledo era nieta del II Duque de Alba, nació en Alba de Tormes  y a los 20 años se casaba en Florencia con Cosme I de Medici,  el matrimonio tuvo 11 hijos de los que solo llegaron a la edad adulta cinco. Fue a los pocos años de celebrarse  este matrimonio cuando Bronzino, del cual Leonor fue incondicional mecenas, realizó este famoso retrato que se encuentra en la Galeria De los Uffizi de Florencia. En el vemos a una jovencísima Leonor luciendo en su  escote el broche, con un magnífico collar de perlas. Su mirada me trasmite seguridad y serenidad.

Mujer de extraordinaria riqueza por su familia y por su matrimonio, no olvidó sus obligaciones piadosas nunca y así gracias a su insistencia,  los Jesuitas se  instalaron en Florencia por primera vez.

Emprendedora y pionera  para su época, se interesó hasta tal punto por los temas de  agricultura y finanzas, que sus conocimientos   contribuyeron enormemente a la expansión  del negocio de fincas de los Medici. Su capacidad y dedicación le valieron también para ganarse la confianza de su esposo,  hasta tal punto que le dejó  regente de todos sus asuntos, en alguno de sus numerosos viajes.

Se dice de ella que era la única persona capaz de calmar el mal humor de su esposo y que muchas personas recurrían a ella, en busca de ayuda para llegar a conseguir favores de su poderoso marido.

No fue Reina, pero vivió en dos palacios dignos de la más ilustre de ellas  “El Palazzo Medici Riccardi” y “El Palazzo Vecchio” ambos en  Florencia.

Sobre su muerte había una leyenda en su época que hablaba de venganzas y asesinatos. Parece que su hijo García de 16 años mató a su hermano Givanni  de 19 y el padre Cosme I al enterarse de este vil asesinato, mató con su propia espada a su hijo García.

Lo que sí es cierto, es que murió a los pocos meses de hacerlo sus dos hijos y aunque sabemos que fue de  malaria, podemos  imaginarnos que una  pérdida tan seguida de dos de sus hijos, debilitaría aun más su delicado estado de salud.

Aun podemos admirar su vestido funerario  conservado en la Galería del traje del Palazzo Pitti.

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Nuestra segunda Leonor nació Infanta de España en Bruselas,  hija de Felipe el Hermoso y Juana la Loca, fue la primera  de los seis hijos del famoso matrimonio.

Separada a muy temprana edad de sus padres,  al tener que marcharse estos a Castilla para ser coronada su madre como reina, tras la muerte de  Isabel la Católica. Leonor, fue criada por su tía Margarita, mujer de gran rigidez, pero que supo darle el cariño que necesitaba una niña a esta temprana edad y a la que siempre quiso como a una autentica madre.

Aunque desde muy joven se debió de dar cuenta que había nacido para ser reina, con 15 años  se enamoró perdidamente de un apuesto caballero llamado Federico, su hermano Carlos se enfureció tremendamente con esta situación, y expulsó al atrevido caballero, que osó escribir una carta de amor a su hermana, inmediatamente de la corte. En los planes de boda de su hermano Carlos no se contemplaba una boda por amor, sino una boda por meros intereses políticos, como era menester en la época y más siendo ella quien era.

Leonor  estaba llamada a ser Reina, y por ello estuvo  prometida  a los más grandes reyes de su época como Enrique VIII,  Luis XII de Francia, Segismundo I de Polonia y  el príncipe heredero de Portugal Juan. Al final  terminó casándose con el padre de éste último, el Rey Manuel  I de Portugal,  viudo este desde hacía poco y que se  enamoró perdidamente de ella, cuando le hicieron llegar un  retrato para que la conociera. Su hijo Juan no perdonó nunca esta ofensa y el enfrentamiento entre padre e hijo fue tal,  que el rey Manuel terminó  expulsando a su hijo de la corte Portuguesa, por temor a su propia integridad.

Leonor quedó viuda de Manuel a los escasos 23 años, con una niña pequeña llamada María a la que se vio obligada a abandonar en Portugal y que no volvería a ver hasta 23 años después. Desde Portugal se  traslado a la corte de su hermano Carlos con el que siempre le unió una  gran relación de cariño.

A los pocos años de enviudar,  nuestra infanta estaba contrayendo matrimonio con el que sería su segundo marido y que le llevaría otra vez a sentarse en un trono, esta vez como reina de Francia. En este segundo matrimonio no sería tan feliz como en el primero. Fue un matrimonio de conveniencia política al igual que el anterior, pero  Leonor , más mayor y ya un poco enferma, no consiguió integrarse en una corte mucho más lujuriosa y refinada de lo que ella estaba acostumbrada; esto unido a las continuas infidelidades de su esposo hicieron de esta época quizás la más infeliz de su vida.

Pero gracias a su carácter de naturaleza buena, comprensiva y sencilla, y a sus privilegios como reina de Francia, consiguió ayudar a los más necesitados en numerosas ocasiones, lo que le hizo ganarse el cariño incondicional del pueblo francés.

De esta época de su vida es el magnífico retrato de Joos Van Cleve, que se conserva en Viena y en el que podemos apreciar la belleza de nuestro broche adornando el pelo de Leonor de Austria.

Mientras Bronzino pintaba el famoso retrato de Leonor de Toledo nuestra infanta enviudaba de su segundo marido después de 17 años de matrimonio, al no tener descendencia ni nada que realmente la retuviera en  Francia, Leonor regreso de inmediato a la corte de su hermano Carlos al que adoraba, donde permaneció hasta el día de su muerte en 1558.

Dos grandes mujeres y dos grandes vidas unidas por este broche de la joyería del renacimiento, si quieres tener en tus manos esta magnífica copia no dudes en acercarte por nuestro espacio Vintage By de Madrid.

¿Serias capaz de encontrar un look del S.XXI para este magnífico broche del S.XVI?

Os dejo el link al broche en nuestra tienda online, por si queréis verlo con más detalle:

Broche Eleonora