Anna Páulova: La gran dama de la danza

Anna Pávlova nació en San Petersburgo un 12 de febrero de 1881, en el seno de una humilde familia campesina. Ella siempre declaró que su padre murió cuando tenía dos años de edad. Fue criada por su madre Lubov Pávlova, una simple lavandera que luchó por sacar a su hija adelante.

Anna tenía ocho años cuando su madre la llevó a ver una representación del ballet: “La bella durmiente”. Desde ese mismo instante supo la pequeña Anna que el ballet era su vida. Dos años después, una chica delgadita y con aspecto enfermizo, era aceptada en la Escuela de Teatro de San Petersburgo.

Por espacio de siete años trabajó duro, adquiriendo la salud y la fortaleza necesarias para llegar a ser una de las mejores bailarinas de todos los tiempos.

El teatro Mariinky de San Petersburgo fue su primer escenario. En él pudo dar a conocer su manera especial de bailar. Anna poseía un estilo elegante, frágil y etéreo, totalmente diferente al estereotipo de bailarina fuerte y robusta que en esos tiempos se llevaba. Su cuerpo delgado volaba, sus manos y brazos se movían como plumas en el aire, el verla bailar provocaba en los espectadores una sensación hasta entonces no conocida.

“La muerte del cisne” fue la obra que consagró definitivamente a Anna Pavlova, abriéndola las puertas del mundo entero. Nadie como ella ha llegado nunca superar su representación.

Pávlova, convertida en una bailarina de éxito, formó su propia compañía e inició gira tras gira alrededor del mundo, acompañada siempre del Barón Victor Emilovitch, el amor de su vida, que más tarde convirtió en su marido.

Era 1930 cuando comenzó su última gira por Europa. Se encontraba cansada, su salud no era muy buena y su pierna izquierda requería de un tratamiento, por lo que quiso descansar unos días en Cannes (Francia) para recuperarse.

El tren en el que viajaba sufrió un accidente, y Anna bajó del tren en camisón a través de la nieve para socorrer a los heridos. La consecuencia de su gran corazón fue una grave pulmonía que dejó graves secuelas en su salud y que la fue debilitando, hasta que poco después, estando de gira por los Países Bajos, no pudo hacer frente a una pleuresía que le causó la muerte, un 23 de enero de 1931.

Fue la única vez en su carrera que Anna Pávlova faltó a su cita con el público. Al día siguiente  de su muerte, en el escenario donde debía de representar una vez más su “Muerte del cisne”, al final de la representación, el telón subió apareciendo ante los ojos de los espectadores un escenario oscuro solo alumbrado por un reflector.

Nadie había allí en el centro del haz de luz, pero todos, con lágrimas en los ojos, pudieron ver como Anna Pávlova representaba su última “Muerte del cisne”.

Bibliografia:

Wikipedia.org

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Clementine Hozier una Gran Dama a la sombra de Churchill

Nace en Mayfair (Reino Unido) en 1885. La paternidad de Clementine es incierta, no sabiéndose con seguridad quien fue su auténtico padre. Lo cierto es que  está registrada como hija de lady Blanche Hozier y de Sir Henry Montague Hozier. A pesar de la separación de sus padres, recibió una buena educación en Alemania y Francia.

Clementine conoció a Winston Churchill en un baile de sociedad cuando contaba 19 años de edad, pero fue cuatro años después en una cena donde surgiría el flechazo. La pareja compartía mesa y esto les serviría para conocerse un poco mejor. Churchil, que ya era presidente de la Cámara de Comercio de Inglaterra, quedó prendado de la belleza, inteligencia y distinción de Clementine.

A pesar de estar casi comprometido con Violet Asquith, hija del primer ministro, Winston decide escribir a Lady Blanche para pedir la mano de Clementine. La boda se celebró en septiembre de 1908 y tuvo 5 hijos.

Clementine, poseedora de una gran inteligencia política, supo ser el punto de apoyo en la carrera política de su marido. Proporcionó a Winston la seguridad, la protección y el ánimo que este necesitaba en cada momento, sabiendo cómo hacer frente con maestría al carácter depresivo y malhumorado de su marido. Se dice de ella que era la única persona que podía influir en sus decisiones, y que lo corregía sin ninguna clase de miedo exponiéndole sus puntos de vista. También le ayudó a corregir un leve “ceceo” en sus exposiciones orales y le dio el visto bueno a sus discursos en más de una ocasión. Clementine lo era todo para Winston Churchill.

Clementine ocupó numerosos cargos de responsabilidad durante la carrera política de su esposo. Fue, entre otras muchas cosas, la Presidenta del Fondo de Ayuda de la Cruz Roja para Rusia, organizó los comedores para los trabajadores de las municiones en Londres durante la primera Guerra Mundial, fue Presidenta de la Asociación Cristiana de Mujeres Jóvenes. En 1946 fue nombrada Dama de la gran Cruz del Imperio Británico y Doctora Honoris Causa de las universidades de Glasgow y Bristol. Años más tarde, en 1965, fue nombrada Baronesa Spencer-Churchill en el condado de Kent.

En enero de 1965 enviudó.  En los últimos años de su vida tuvo que enfrentarse a problemas económicos, teniendo que subastar cinco pinturas de su marido. La venta resolvió los problemas y pudo vivir en paz y tranquilidad hasta que su corazón dejó de latir a la edad de 92 años.

Francisca María de Borbón “Le Mademoiselle de Blois.

Françoise Marie fue una de las hijas bastardas que el rey de Francia Luis XIV tuvo con Madame de Montespan, legitimada en el año 1681.

Una mujer que llegó a ser duquesa de Orleans y primera dama del reino, pero que tuvo una vida llena de luchas y sinsabores.

En este retrato, realizado por el pintor francés Françoise de Troy (1677-1749), vemos bastante bien reflejada su personalidad. Reconocemos una gran dama por su porte y su indumentaria.

Un exuberante vestido de terciopelo de seda azul, bordado con hilo de oro y adornado con dos hermosos broches muy al uso de esa época, con un cinturón de perlas y piedras semipreciosas.

Por debajo del precioso traje sobresale una camisola rematada de delicados encajes, mostrando detrás el impresionante manto de tafetán granate que enmarca a la gran dama, casi como si de una enorme orla se tratara.

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Llama la atención cómo el pintor ha sabido reflejar el temperamento de esta mujer, y su mirada llena de la añoranza de esa vida feliz que nunca pudo alcanzar.

De pequeña, al igual que sus hermanos, fue desatendida por su madre, lo que provocó en ella un carácter retraído y tímido. Se casó con su primo Felipe de Orleans, quien a la muerte del rey Luis XIV se convirtió en regente de Francia durante la minoría de edad de Luis XV.  Casi desde el principio de su matrimonio Felipe mantuvo relaciones con varias amantes, esto hizo que Françoise Marie se refugiara en su palacio de Bagnolet y que llevara una vida perezosa, rodeada de sus damas de compañía y apartada de la corte.

Mantuvo muy mala  relación con su hermana menor, la duquesa de Borbón a causa del casamiento de las hijas de ambas, con los delfines del  Luis XV, las dos rivalizaban y ansiaban estos casamientos para sus respectivas hijas. Pero La duquesa de Orleans  supo manejar bien la contienda y logró casar a dos de sus hijas mejor que su hermana. Luisa Isabel casaría con Luis I de España y Luisa Adelaida casaría con el Principe Francisco III de Módena.

Durante sus últimos años mantuvo unas relaciones muy conflictivas con su hija mayor, María Luisa de Orleans, a la que reprochaba continuamente la vida licenciosa y amoral que llevaba después de la muerte de su marido.

Yo he elegido para ella el Broche Francisca de nuestra colección Renacimiento

¿Qué os parece a vosotros?

Charlotte Von Hagn, la gran dama de la escena.

Desde muy jovencita, Charlotte plantea a sus padres que quiere ser actriz, algo a lo que ellos se oponen por completo. De una joven de clase alta, era hija de un acaudalado empresario alemán, lo que se esperaba era que se casara con un hombre con clase y poder y llevara una vida recatada y convencional. Lo normal en la alta burguesía alemana de la época.

Su primera aparición en público fue en el magnífico teatro de Múnich, resultando todo un éxito. A partir de ese momento, la fama de Charlotte se extiende por todas las ciudades de Europa. Era una mujer que poseía un encanto natural que atraía a todo el que la conocía. En 1848 se casa y se retira por un tiempo de los escenarios. Desafortunadamente tres años más tarde se divorcia, volviendo de nuevo a su profesión.

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Tuvo una intensa aventura amorosa con Franz Liszt, el cual la llamaba amistosamente “La concubina de dos reyes”, ya que también tuvo un romance con el rey bávaro Luis I.

El retrato que hoy os traigo fue pintado por J. Stieler en 1827, y nos muestra a Charlotte cuando tenía apenas 18 años. Lleva un precioso vestido de seda blanco con amplio escote y un precioso remate de armiño. Este detalle le proporciona al traje un toque majestuoso. La bella joven acompaña el arreglo con un fantástico aderezo de perlas y oro, que completan este grandioso look.

Está claro que la joven quería mostrar no solo su belleza al mundo, también quería que se viera que era una mujer rica y exitosa.

La actriz, todo un carácter en la época,  murió en Múnich  a la edad de 82 años.

Elizabeth Patterson

Esta  enigmática mujer pintada por Massot en 1823, fue toda una belleza de su época y llegó a convertirse en toda una celebridad en ambos lados del Atlántico. Su precioso y ligero vestido amarillo de corte imperio, nos remonta al más puro estilo Imperio.  Choca la sencillez del vestido y las pocas joyas que luce, solo unos pequeños pendientes en forma de lágrima, una pulsera de perlas y una tiara dorada con piedras granates acompañan la belleza de Elizabeth. Una pieza muy de moda entre las damas de la alta sociedad de la época.

Y no podría ser menos, ya que se trata de Elizabeth Patterson, cuñada de Napoleón Bonaparte y madre de su sobrino. Elizabeth, nacida en Baltimore en 1727, era la hija de un rico comerciante, William Patterson. Fue la primera esposa de Jérôme Bonaparte, hermano pequeño del Emperador.

Elizabeth y Jérôme se conocieron en un baile de la alta sociedad de Baltimore. Ella contaba 17 años y él 19. Se enamoraron y quisieron casarse enseguida. Elizabeth para emanciparse de la tutela de su padre y presumir del apellido honorífico de Bonaparte, y Jérôme para poseer a la muchacha más bella y deseada de Baltimore. Pero se encontraron con la oposición tanto del padre de Elizabeth como del propio Napoleón, el cual tenía otros planes de matrimonio para su hermano pequeño. Tras una larga lucha se casaron sin la aprobación de Napoleón.

7c5aceccaf2d0978854b4b04015e014f El vestido de novia de Elizabeth fue famoso y muy polémico por lo “atrevido”. Era de fina muselina bordada, de corte imperio, tras la  cual se apreciaba el cuerpo de la novia. Se instalaron a vivir en Baltimore, siendo el centro de atención de toda la ciudad. Ella no dejaba de impactar con sus vestidos y vida social.

En 1804 Elizabeth se queda embarazada, y con motivo de la coronación de Napoleón deciden embarcarse rumbo a Francia, para que Napoleón reconociera a Elizabeth como esposa de Jérôme. Pero Napoleón no deja pisar a la “Señorita Patterson” -como la llamaba- territorio europeo, y el matrimonio ha de separarse. Él va a Italia, a internar convencer a Napoleón, y ella a Inglaterra, donde dará a luz a su hijo. Ya no se verán  jamás.

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Elizabeth marcha a Baltimore con su hijo, y en 1815 Napoleón consigue el divorcio de la pareja y casa a Jérôme con la hija de Federico I.

Elizabeth nunca se casó de nuevo. Volvió a Inglaterra donde vivió 25 años ejerciendo del título de “madame Bonaparte” y deslumbrando con su belleza.  Siempre fue una mujer obsesionada por conservar su juventud. Murió a la edad de 94 años en Baltimore, su tierra natal.

Aunque lo que verdaderamente destaca en este retrato es la cara y la belleza de esta dama, a mí, como siempre, los ojos se me fueron a la preciosa tiara que luce para esta ocasión.

Bibliografia:

http://www.mdhs.org/betsy-bonaparte/

Wikipedia.

Imágenes:

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@María López-Linares

 

Amalia Von Schintling

Amalia, solo contaba con 19 años de edad cuando la realizaron este precioso retrato. La joven nunca llegó a casase porque poco después de finalizar la pintura murió de tuberculosis.  Viendo este retrato nadie puede imaginar el terrible desenlace, vemos a una joven que emana salud, belleza y dulzura, con un toque enigmático oriental que lo proporciona la bonita capa roja adamascada, junto con la diadema y los pendientes.

Pero el retrato tiene una curiosa historia detrás. El rey Luis I de Baviera, que era un obsesionado de la belleza, encargó al pintor de cámara Joseph Karl Stieler para su palacio de Nymphenburg (Baviera), una colección de 36 retratos de las mujeres más bellas de Munich. Actualmente la colección está expuesta en la “Galería de las Bellezas” del palacio. Durante más de 20 años el artista retrató a bellas damas de la nobleza, la corte o incluso de clase más baja.  Dicen las malas lenguas que la mayoría de ellas pasaron por la alcoba del rey en algún momento.

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Nuestra joven y bella Amalia Von Schintling había nacido en  Munich en el año 1812,  y era la hija mayor de Lorenz von Schintling y Theresia von Hacke. El cuadro estuvo a punto  de no formar parte de la colección, ya que el prometido de Amalia se oponía a ello. Fue el padre de la joven el que consintió en incluirlo finalmente.

A mí me encantararía, ahora que conozco la existencia de esta galería de bellezas, irme hasta este famoso palacio y contemplar, con tiempo, cada uno de estos hermosos retratos.

¿Alguno de vosotros ha visitado esta famosa galería?

 

Marie Grafin zu Munster

Marie Grafin, condesa de Munster, fue la hija del diplomático George zu Munster, embajador del reino de Hannover en San Petersburgo entre 1857 y 1865, y años más tarde embajador del reino Alemán en Londres e Inglaterra.

Maríe vivió siempre al lado de su padre y lo acompañó durante toda su carrera política. Mujer por lo tanto de culta refinada y muy acostumbrada a las relaciones sociales. Henry Buon Hente así la representa en este oleo pintado en 1890. Marie lleva un vestido negro brocado de tarde-noche, abrazando a su  mascota Dandy, quedando de este modo reflejado el lado cálido y tierno de la condesa.

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Es un vestido muy de la época de finales del siglo XIX. El cuerpo ceñido lleva escote en V, adornado por  un grupo de insectos dorados que cruzan en diagonal el pecho. El escote queda realzado por unas bandas delgadas de tela transparente que pueden  ser de tul o de  gasa  negra, las cuales dan un toque muy glamuroso al vestido. Las mangas casquillo reposan sobre la parte alta de sus largos brazos desnudos, y el cinturón  con el broche dorado posiblemente a juego con los peinecillos de la cabeza hace resaltar la figura esbelta y delgada de Marie. En su escote luce una pequeña colección de brochecitos en forma de insectos.

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Como mujer joven que era no lleva demasiadas joyas y sus cabellos rizados los recoge en un moño alto, al cual rodea con una cinta negra adornada con unos sencillos detalles dorados.

Es una bella imagen de una gran dama de finales del siglo XIX, que ocupa nuestro espacio Vintage en este mes de julio.

María Antonietta de Napoles y Sicilia

Era la hija menor del rey Fernando IV de Nápoles y  de Carolina de Austria, hermana de María Antonieta de Francia.  Nacida en Nápoles en el año 1784, fue la primera esposa del rey Fernando VII de España.

Este retrato de Nicolás Françoise Dun nos muestra a una mujer joven, delicada, pero segura de sí misma. Lleva un bonito y sencillo vestido de seda azul pálido con escote en V.  El vestido tiene un clásico corte imperio de la época. Las mangas de tres cuartos son, asimismo, de seda natural, pero con un tono mucho más pálido, lo que le confiere al conjunto un aire ligeramente desenfadado y juvenil.

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La reina apenas lleva joyas, un sencillo adorno en forma de pequeña tiara formada por perlas, muy de moda en esa época, adorna su rubio y rizado pelo.

María Antonietta se casó en Barcelona en el año 1802 con el Príncipe de Asturias, Fernando.  Fue una mujer fuerte que supo estar al lado de su marido en los momentos difíciles que atravesó España durante la invasión Napoleónica. Parece que llegó a influir en su esposo, animándole para hacer frente a Manuel Godoy y a la reina María Luisa de Parma (madre de Fernando VII), con la cual tenía muy mala relación.

María Antonietta trabajó incansablemente para conseguir apoyos en la corte a favor de su esposo.  Murió a la edad de 22 años de tuberculosis en el Palacio de Aranjuez, sin llegar a dar a luz ningún hijo y tras sufrir dos abortos prematuros.

Fotografias @María López-Linares

 

Enriqueta María de Francia

Es uno de los primeros retratos que  Anthony Van Dick hizo de la reina  consorte Enriqueta María de Francia  nada más llegar a  Londres  para casarse con Carlos I de Inglaterra.  En este retrato se ve a una reina muy joven  vestida a la moda francesa: puños de encaje puntiallo, corpiño y falda de seda azul plateada, todo ello  adornado con unas cintas de color anaranjado que dan el tono cálido al retrato.  Luce unos pendientes de perlas en forma de lágrima, las llamadas “perlas mancini”, regalo de bodas de sus padres  Enrique IV de Francia y María de Medici. Pendientes que, no pudo conservar y tuvo que vender a su sobrino Luis XIV, para sobrevivir cuando estuvo exiliada en  Francia.

Enriqueta nació en Francia en el año 1609,  era la hija menor de Enrique IV y María de Médici.  Fue educada en el amor a las  artes, practicaba la equitación, el canto, tenia gustos muy refinados. Se casó muy joven con Carlos I de Inglaterra.  Enriqueta introdujo en la corte inglesa la moda francesa, y  el diseño italiano en los jardines de palacio.  Desde el principio cayó mal en la corte y nunca  fue querida por el pueblo ingles por su condición de católica, a la cual nunca renunció y luchó por defenderla. Debido a esto no pudo coronarse como reina junto a su marido en la abadía de Westminster.

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Los primeros años de matrimonio estuvo lleno de desavenencias conyugales que se convirtieron años más tarde en un gran amor; tuvieron 9 hijos.  Los dos  muy  unidos siempre,  hicieron frente a los problemas de gobierno, y  a la guerra civil inglesa que  tuvo como consecuencia  la separación del matrimonio real;  Enriqueta se tuvo que exiliar por seguridad a Francia,  y  Carlos I fue ejecutado por  el Parlamento ingles.

Enriqueta, nuestras “Dama Vintage” de Mayo, viuda y sin fortuna vivió en Francia, donde murió en el castillo de Colombes en 1669.

Flor de Charo Aguña

Imagen @María López-Linares

Gladys Deacon IX Duquesa de Marlborough

Cuando durante la primavera de 1.928 Cartier llevó a cabo dos encargos para Gladys Marie, hacía apenas 7 años que la bella norteamericana había contraído matrimonio con el IX Duque de Marlborough y ya era poseedora de una de la colección de joyas más impresionantes que conozco.

Cartier recibió el encargo de realizar dos broches en forma de ramo de hojas para los que ella aportó casi la mitad de los diamantes. El centro del más grande estaba diseñado para engastar en el centro una esmeralda.

Estas dos piezas serían rediseñadas por su propietaria más adelante, ya que en la subasta de sus joyas que se realizará en 1978 aparecen con un diseño bastante diferente. Las piedras centrales se reemplazaron por una especie de pasta verde ya que se habían vendido por separado anteriormente.

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En esa misma época Gladys encargó a Holmes & Co que comprara en su nombre una pulsera de diamantes en una subasta. La joya que constaba de un diamante central de 48 quilates rodeado por un borde de diamantes tenía un diseño muy típico de finales del S.XIX y se adquirió por 1950 libras de la época.

En su colección de joyas también destacaban dos anillos muy estilosos ambos montados en oro. Uno era una esmeralda de cabujón montada entre zafiros y el otro un zafiro, de más 12 quilates y engastados entre esmeraldas.  El zafiro era descrito como de mejor calidad y se cree que era de origen Kashmir.

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Otra importante joya de su colección era un collar de diamantes formado por 14 diamantes que sumaban un total de 130 quilates; con una piedra central más grande tenía aproximadamente 21, 66 quilates. Parece probable que esta joya fue adquirida en Chaumet’s a mediados de los años 20.

La vida amorosa de esta bellísima mujer comienza cuando apenas es una adolescente y tras el fallecimiento en 1901, de su padre. Gradys decide pasar seis meses en Blenheim, donde coincide con El Príncipe Heredero Guillermo de Prusia que quedó totalmente prendado de ella, fue tal la locura que sintió en esos días que la hizo entrega de un anillo que era propiedad de su madre. Gladys le correspondió dándole una pulsera. El Príncipe heredero volvió a Alemania enfermo de amor y sin anillo. El Kaiser pronto se dio cuenta e insistió en que devolviera el anillo inmediatamente, Gladys se lo devolvió de mala gana recuperando su pulsera.

Después de esta aventura amorosa Gladys pasó un tiempo en Roma con su madre en la hermosa Villa Farnese en Caprarola. Fue probablemente durante este periodo cuando recibió una pulsera de oro de Castellani, de estilo clásico, con la inscripción “fides probitas forma pudicita”. Las itinerantes joyas de la familia Castellani estaban muy de moda a principios de siglo XX.

En 1916 encargó a Boldini un retrato que capturó su extraordinario encanto. En el retrato lleva un elegante colgante de perla y diamante, típico del estilo “Garland” tan popular a principios del siglo XX. Es impactante el contraste entre esta sencilla joya y las opulentas piezas que llevó como Duquesa de Marlborough.

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El 24 de junio de 1921 se casó por fin con el Duque después de éste divorciarse. La ceremonia religiosa se llevó a cabo en casa de su primo Eugene Higgins. Gladys llevaba un maravilloso vestido de oro y plata, y en su mano izquierda llevaba un soberbio anillo con un diamante de 12 quilates. Era el anillo de compromiso del Duque y la primera gran joya que recibía como Duquesa de Marloborough.

Durante los años 20 y principios de los 30 fue cuando adquirió sus joyas más sensacionales. El Duque de Marlborough compró por 3,500 libras una “tiara de 25 grandes perlas en forma de gotas cuajada de  brillantes” que supuestamente perteneció a la Familia Imperial Rusa. Uno de los días más recordados en los que luciría la tiara fue durante la celebración del 60 cumpleaños de su marido, Gladys apareció resplandeciente con un vestido clásico empedrado con turquesas azules y su regia tiara.

Un año después de su muerte a los 97 años, se subastaba un cofre con algunas de las últimas joyas que habían permanecido en su poder.

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Gladys fue una mujer increíble de la que el escritor Marcel Proust, diría: “nunca vi a una chica con tal belleza, magnífica inteligencia, bondad y encanto”. Aquellos que la conocieron en su juventud coincidían con Proust en que era extraordinariamente atractiva, y durante años perseguida por muchos de los solteros más codiciados de Europa.

En el momento de su muerte, parece ser que la Duquesa cansada de una vida frívola estaba pensando ingresar en una orden religiosa católica de Italia, ella se había convertido a esta religión al final de su vida.

He encontrado un curioso vídeo hecho el día de su boda:

http://www.britishpathe.com/video/duke-of-marlborough/query/Marlborough

Imágenes:

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