Diccionario Vintage: Con la “A” Abalorio

Abalorio, del árabe Al-ballurí, que significa  “de vidrio”. La Real Academia española de la Lengua lo define como: conjunto de cuentas agujereadas, con las cuales ensartándolas, se hacen adornos y labores.

Historia del  Abalorio

Los abalorios han sido usados por el  hombre desde las primeras civilizaciones tanto para adorno personal como para protección de los espíritus malignos o como amuletos de prosperidad e incluso también se usaron como moneda de cambio.

Los primeros abalorios aparecen  en el año 100.000  a. C.  En la época prehistórica se encuentran guijarros con una perforación que está  hecha expresamente para pasar por ellas un cordón.                                     

Conforme avanza la historia, el uso de los abalorios se extiende por todo el mundo a la vez que se refina tanto el proceso y técnica de elaboración, como la materia prima con la que se elaboran.

Desde los primeros abalorios encontrados en la época prehistórica hasta el final del imperio romano, la técnica de elaboración fue casi la misma; y  desde la época romana  hasta el siglo XX, en realidad hay pocas  las innovaciones en  las técnicas empleadas;  es en el uso de los distintos materiales  donde se aprecia el cambio de una época a otra. Pero a partir del siglo XX, los avances técnicos y científicos  introducen importantes innovaciones  tanto en los  materiales empleados como en los modos y técnicas de elaboración.

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Las principales técnicas empleadas  en la artesanía del Abalorio

Técnica  de la filigrana

Es una técnica empleada en orfebrería  que consiste en  decorar con hilos de metal (oro o plata) Incrustados, superpuestos, o individuales creando formas y figuras. Es una técnica muy antigua  que ya se empleaba en el antiguo Egipto, Mesopotamia,  Bizancio , Grecia..etc.

Técnica del Cloisonné

Consiste en contornear el dibujo con metal. En la antigüedad se usaban incrustaciones  con piedras preciosas, vidrio  y otros metales. Actualmente  se usa esmalte vidriado. Esta técnica se uso mucho en el imperio Bizantino y en China.

Técnica de granulación

Consiste en decorar con la unión de pequeños granitos de metal sobre otra superficie de metal siguiendo un diseño determinado.. Es una de las más antiguas tecnicas empleadas en el abalorio. Ya en el año 2.500 a.C encontramos objetos elaborados con esta con esta técnica

 Clases de materiales en el Abalorio

Actualmente se emplea toda clase de materiales: madera, plastico, piedra, materiales naturales de origen animal como el hueso, el coral, marfil , conchas, ambar….  o   vegetal como semillas . Actualmente los abalorios de cristal  son los que más se imponen, destacando entre los cristales : el cristal de Bohemia ,el de Murano y el austriaco ( cristal de swarosky)  que por su calidad, su brillo y colores variados es muy apreciado en joyeria .26

Diccionario Vintage: Con la “R” Relicario

Se llama relicario a una cajita o estuche que antiguamente se llevaba colgada en el cuello.  En un principio su uso era meramente religioso, sirviendo para  guardar reliquias o recuerdos de santos.

El cristianismo denomina reliquias a los restos de aquellas personas que han sido santificadas. Por extensión, se conoce como reliquia a las cosas que pertenecieron a los santos o que tuvieron algún tipo de contacto con ellos, y relicario al lugar en el que se guardaban.

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Tenemos constancia de su uso ya en el S.IV en el Tesoro de Monza, regalados por San Gregorio a la reina Teodolina.

Entre ellos se encuentran ciertas botellitas, muy comunes en aquella época, que sólo contenían algodón empapado en aceite bendecido, o tomado de las lámparas que ardían junto al sepulcro de algún mártir.

Pero con el paso de los años su uso se fue popularizando y comenzaron a llevarse encima con algún recuerdo de alguien. Al popularizarse su uso para guardar mechones de cabello su nombre evoluciono al de “guardapelo”, pieza de  joyería de la que ya hemos hablado antes.

 

 

Abigail Holmes y su práctico traje de novia.

Abigail Holmes eligió para su boda una seda de color oro, un color bien diferente a todos los que hemos visto hasta ahora en esta sección de Trajes de Novia Icónicos.

Abigail se casó con Clark S. Potter el 3 de octubre de 1839, en Nueva York, y optó para la ocasión por un diseño de amplio escote, falda acampanada y corpiño ajustado.

Me encanta el diseño de las mangas plisadas que se ajustan con fuerza a la parte alta del codo y a la muñeca.

Justo en esos años, la moda de las mangas cambió y se hizo menos voluminosa en la parte de los hombros, para pasar a ser más ajustado y marcar con más delicadeza las clavículas. Años más tarde, las mangas se estrecharían casi por completo y muchas mujeres adaptarían sus vestidos a la moda de mediados del S.XIX.

El vestido parece más una prenda de paseo de mañana que un traje de novia. No es para nada un vestido pretencioso ni ostentoso, chocando de pleno con el resto de las piezas que hemos venido viendo en esta sección a lo largo de estos meses. Los adornos se reducen a unos sencillos pliegues y algún festón estratégicamente colocado. Ya hemos visto otro vestido de color hace pocas semanas; por ejemplo el de  Mary Waters, realizado casi un siglo antes en una preciosa seda de Spitafields.

La elección de un color tan oscuro no era inusual en las novias de la época. Hay que tener en cuenta que la seda blanca era mucho más cara que las sedas de color y que, además, a ello había que añadir el coste que suponía en limpieza el mantener inmaculado un vestido de tono claro.

Probablemente Abigail fuera una mujer mucho más práctica que el resto de las que hemos conocido hasta ahora, optando por un vestido que también podría usar después de la ceremonia o, simplemente, su economía no la permitió adquirir una seda de color blanco. También pudo influir en su decisión el hecho de que la pareja tenía la intención de embarcarse en un viaje, inmediatamente después de la ceremonia. Un vestido de color oro habría sido mucho más práctico para viajar, dado el polvo y la suciedad inevitable que la pareja se encontraría por los caminos de la época. De hecho, la joven esposa mandó hacerse una pequeña capa corta a juego con el traje.

No he encontrado mucha más información sobre la familia de Abigail Holmes. Si bien la familia Holmes no era rica, el Sr. y la Sra. Clark Potter parecieron haber prosperado. En el Censo Federal de Estados Unidos de 1860, decía que estaban viviendo en Albión con sus ocho hijos, de edades comprendidas entre uno y diecinueve, y con una sirvienta como empleada – una mujer joven irlandesa de nombre Mary Florin-. Clark Potter era empleado de la Oficina de Rentas.

Un precioso y sencillísimo vestido, para una práctica novia de mediados del S.XIX.

Biografía:

Wedding Perfection- Two Centuries of wedding Gowns- Cynthia Amnèus.

Tecla a tecla

En un capítulo de la serie House of Cards, el taimado Kevin Spacey debe escribir una carta de trascendental importancia y decide hacerlo en una Underwood que su padre le regaló. Vemos sus dedos golpeando cada tecla y cómo cada palabra va quedando impresa sobre el papel de modo casi solemne. No hay pantallas ni cables de por medio, sólo la tinta indeleble. Esta escena no hubiera sido lo mismo con un ordenador o un iPad. No se trata de renegar ahora de los avances tecnológicos pero sí de reivindicar ese algo mágico que hay en las palabras escritas que ya no pueden borrarse, en el olor de la tinta, en el sonido rítmico de las teclas marcando el papel.

La primera máquina de escribir que recuerdo era una Rheinmetall que había en casa de mis abuelos. Era portátil o al menos esa vocación tenía porque sus dimensiones y peso no la hacían fácilmente transportable. Mi abuelo, ebanista, le había hecho una funda de madera a medida en la que encajaba como un guante y, gracias a la cual, había atravesado el Atlántico desde Venezuela hasta llegar a España sana y salva.

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No portátil pero sí viajera, porque su origen era germano. La compañía que las fabricaba fue fundada en Dusseldorf a finales del siglo XIX, y en 1931 sacó su primera máquina de escribir, aunque su línea de negocio más floreciente era otra muy distinta. Pero aquella máquina no era mía, era de mi padre, que debió sospechar que lo de escribir no iba a ser una afición pasajera porque unos años más tarde me regaló una Canon Typestar 110.

Sé que la trajo de alguno de sus viajes y fue una auténtica revolución porque era electrónica y contaba con una pequeña pantallita que te mostraba la línea entera que habías escrito antes de volcarla al papel, lo cual minimizaba bastante los errores. Además, mis dotes de mecanografía habían mejorado a base de consumir paquetes y paquetes de folios El Galgo. Si bien era más práctica y ecofriendly, a la Canon le faltaba ese sonido rítmico y evocador que yo necesitaba cada vez que quería escribir algo mío. Para los trabajos del colegio era perfecta, pero las musas necesitan su propia banda sonora para ser conjuradas.

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Hoy guardo esas dos máquinas y no hace mucho se sumó a ellas una tercera, emblemática: Una preciosa Underwood (como la de Kevin Spacey aunque menos reluciente) que un amigo rescató del sótano de sus padres y que decidió regalarme. Creo que en aquel momento no fue consciente de lo que ofrecía a una mitómana literaria como yo. Era la que habían usado Kerouac, Scott Fitzgerald, Hemingway, Faulkner, Raymond Chandler, Arthur Conan Doyle… La de Orson Wells en Ciudadano Kane… Un auténtico tesoro que guardo en mi biblioteca rodeada de miles de libros porque creo que ese es su sitio y porque cuando siento que he perdido la batalla frente a la página en blanco (o más bien pantalla en blanco) acaricio con los dedos sus teclas tratando de invocar tan solo un ápice de las voces que tras ellas resuenan.

Porque las máquinas de escribir tienen algo mágico de lo que carecen los ordenadores. Si no, que se lo digan a Paul Auster que le dedicó un libro a su vieja Olympia. El autor de La trilogía de Nueva York o Diario de Invierno habla de ella como un devoto amante, de su compañía y sus encantadoras abolladuras y cicatrices, y cuenta que cuando sospechó que las cintas dejarían de fabricarse, encargó todas las disponibles a su papelería de Brooklyn y ahora las dosifica morosamente.

Es verdad que los modernos dispositivos tecnológicos nos han facilitado mucho la vida y también nos han dado bastantes sustos, o que levante la mano el que no ha estado al borde del infarto al cerrar sin guardar. Pero la escritura es un oficio artesano que requiere dosis de romanticismo y bastante de magia. El escritor es fetichista por definición y no hay mayor fetiche que una vieja y pesada máquina de escribir con su historia propia a cuestas, con las que pasaron por ella y con las que guarda silenciosa hasta que alguien decida trenzarlas.

Artículo escrito por María Cereijo, periodista y escritora. Podéis seguirla en @capitulosiete o en su alterego compartido de autora juvenil @LabAmy 

Un domingo de esos que me gustan…

Un domingo de esos que me gustan, de esos que me llenan el espíritu de cosas bonitas, sencillas y agradables. Un domingo relajado y tranquilo con tiempo para disfrutar paseando, contemplando y charlando. Eso es lo que me llena plenamente y lo que a todos nos suele hacer más gratos nuestros días de ocio. Simplemente disfrutar de las cosas sencillas…

Este plan que hoy os cuento lo vengo haciendo desde hace muchos años. No todos los domingos, si no seria algo rutinario y no tendría el mismo atractivo, pero sí al menos dos o tres veces al año, sobre todo en primavera.

Cogemos el coche y subimos a Navacerrada. Para los que no sois de Madrid os cuento que es un pueblo de la Sierra del Guadarrama, de lo más pintoresco y con una plazuela llena de bares con terraza que tanto en verano como en invierno se ponen hasta arriba de gente.

Un pueblo que se llena de amantes del esquí en invierno, por su cercanía a Valdesquí y otras estaciones de los puertos de Navacerrada y Cotos, y que en verano tiene una nutrida y fiel colonia de veraneantes que le dan un aire muy divertido y multicultural. En su plaza puedes tomarte desde un sabroso chocolate con picatostes en invierno, a una bien tirada cañita de cerveza acompañada de unos apetecibles torreznos cualquier día de verano.

Pero a mí, antes de esto, lo que más me gusta es pasarme por el “Rastro de Navacerrada”. Un lugar a cielo abierto de lo más pintoresco, que se llena de numerosos puestos de objetos usados Vintage, casi todos los domingos sobre las 10 de la mañana. Yo no sé cómo me las ingenio, pero siempre termino descubriendo algún objeto curioso tras recorrer pacientemente todos sus puestos. Pasear por ellos intentando descubrir algo que llame mi atención, me resulta de lo más excitante. Y ¡mira que se encuentran cosas curiosas¡

Yo el otro día encontré este sencillo costurero de los 40s, y no pude resistirme. Por solo 8€ me hice con esta curiosa pieza de cartón forrado, que albergaba en su interior varios tesoros de lo más curioso: botones, agujas, hilos, cintas, alfileres, imperdibles … y un sin fin de piezas para coser, mezclados con una colección de lo más singular de piezas para sujetar las medias. Me han hecho la mar de gracia. Las hay rosas, color carne y negras. Está claro que la antigua propietaria de este pequeńo tesoro era una señora de lo más apañada, !se arreglaba sus propios ligueros!

Pero no solamente encontré esta curiosidad, también me hice con una preciosa Werlisa B Color. Una aparente cámara de fotos compacta de carrete que se fabricó en España, desde 1963 hasta 1967, por la casa Certex. Se trata de una cámara sencilla pero con una buena óptica, que consiguió hacer las delicias de muchos españoles, entre ellos mi marido, que se quedó entusiasmado cuando le mostré la maquina en mis manos, y que fue el que más me animó a comprarla. Para mi sorpresa, resulta que había sido su primera maquina de fotos siendo adolescente, siendo muchos los recuerdos que luego me contó sobre un viaje a Granada en auto stop, donde la estrenaba sacando sus primeras fotos. Curiosamente, en 1964 pagaba por ella 500 pesetas y en 2013 nos hacíamos con ella por menos de 10€.

Cual fue nuestra sorpresa, cuando al abrirla en casa nos encontrábamos la tarjeta de la tienda donde había sido adquirida este ejemplar:  “Foto-Cine Crespo C/Alcalá, 337 Madrid”

Me produce una gran satisfacción ver cómo lo que unos tiran por inútil o se ven forzados a vender por necesidad, vuelve a recuperar su función en otras manos o a integrarse en alguna colección, en otro lugar diferente y que, como un Lázaro inanimado, revive por la voluntad de alguien que lo descubre y lo adquiere con tanta o más ilusión que cuando fue adquirido por primera vez.

Me apasiona intentar descubrir el misterio que se esconde detrás de este proceso, del cómo y el porqué las cosas pasan de unas manos a otras, las motivaciones que las llevaron a ellas y la utilidad que prestaron. Yo siempre las adquiero con mucho respeto e imaginando la ilusión con la que, con toda seguridad, fueron adquiridas por sus anteriores propietarios.

Estos son los dos caprichos que me traje a casa el domingo pasado…

Un plan del que estoy segura a muchos de vosotros os encantaría también  disfrutar.

Web de “El Rastro de Navacerrada”

Maison Artist

Para mí el sábado es un día especial. Un día en el que acuden a la tienda más personas con tiempo de disfrutar. Es el día de los turistas, las familias, las parejas… Un paseo por el Barrio de Salamanca es un plan de lo más apetecible para una soleada mañana del mes de marzo.

La gente entra en nuestro espacio con curiosidad: miran, preguntan, disfrutan y nosotras con ellos. Por eso me encantan los sábados. Son días que dan pie a charlar y conocer mejor a las personas que nos visitan, sin las prisas de los días de trabajo.

Así fue cómo el sábado pasado Natalia entró en la tienda y cómo a los pocos minutos nos encontrábamos charlando. Casi como si nos conociéramos de toda la vida. Alegre y dicharachera, me explicaba cómo terminó hace poca más de una año montando una tienda de decoración online.

Su verdadera pasión era la decoración y, nos comentaba, “después de doce años trabajando en una multinacional, sentía la necesidad de montar mi propio negocio”.

Así nació “Maison Artist”. Era una idea que había rondado por su cabeza desde siempre y que, con un  pequeño empujón por parte de su marido, puso en marcha con la idea de convertir su gran pasión personal, la decoración, en su dedicación profesional.

MAISON ARTIST es un espacio en el que los amantes del interiorismo, entre los que me encuentro, podemos encontrar una  amplia y cuidada selección de objetos y complementos de decoración de estilo cálido y atemporal de inspiración nórdica, con cierto toque British y retro-vintage.

Me han llamado especialmente la atención sus artículos de cocina y las piezas de cristal. Son una auténtica maravilla.

Una tienda cargada de elegancia y sencillez que me ha conquistado.

Os invito a dar un paseo por ella. Natalia ha elegido piezas exquisitas.

¡Os dejo en MAISON ARTIST!

¿Por qué está tan de moda lo Vintage?

Hace años que no dejamos de oir esta palabra. Se escucha en relación a la moda, la decoración, la cocina, el arte, las manualidades, la floristería y en el diseño en general… Desde los coches hasta los electrodomésticos todo se califica con este término. Lo Vintage vende.

Pero, ¿por qué nos atraen tanto las cosas vintage? ¿Por qué vuelve este estilo tan especial de tonos pasteles y acabados perfectos?

Para mí, Vintage es sinónimo de exclusividad, calidad, buenos materiales y por supuesto artesanía. Vintage es sinónimo de algo bien hecho en el pasado.

Si piensas en encajes, cintas de terciopelo, flores silvestres, libros antiguos, fotografias en blanco y negro, tesoros escondidos en un baul, muebles en una buhardilla antigua, estas pensando en Vintage.

 

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Gracias a este amor por las cosas hechas a mano, por las piezas únicas e irrepetibles hemos recuperado una cantidad enorme de tradiciones que se habían perdido. Hacemos punto, ganchillo o encaje de bolillos de nuevo. Conozco varios clubs en los que amantes de este arte de tricotar se reúnen un día a la semana para compartir patrones y charlar de lanas, agujas, bufandas y patucos.

Cocinamos unas tartas y unos cup-cakes con tanto colorido y detalle que da pena comerlos, pero que han conseguido recuperar recetas que estaban olvidadas en los libros de cocina de nuestras abuelas.

Se recupera el arte de la caligrafía, se vuelven a escribir postales y cartas, se imparten clases para escribir con pluma o para hacer sellos de lacre. ¿A que te hace una ilusión especial recibir una carta o postal por correo? A mí ya, si encima viene con la dirección a mano y en un sobre como antiguo, me parece que me llega el mejor de los regalos.

La fotografía Vintage es una fiebre que se contagia. Editar en blanco y negro, sepia o con texturas es todo un arte que nos traslada a los principios de la fotografía, cuando cada foto era revelada sin saber muy bien lo que te ibas a encontrar.

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Se recuperan y comparten sensaciones. El “Do It YourSelf” está de moda y va de la mano del Vintage. Desconectas, charlas vuelves a vivir el contacto directo y el intercambio de ideas, ya sea de manera directa o por foros en internet.

Este es el secreto del Vintage. Recuperas el calor humano, rescatas pasiones, valores que se habían perdido con los años. El trabajo manual,las cosas bien hechas, el gusto por los detalles, los acabados perfectos…

Por eso nos gusta el diseño de los años 20s, 30s, 40s… Estos años reúnen todas las características de las que he hablado anteriormente, todas y cada una de ellas están en esos años. Por eso buscamos esa estética, y por eso los grandes diseñadores siguen poniendo su ojo en esos años a la hora de lanzar una nueva colección.

El Vintage es una estética marcada por la exclusividad retro y por la magia de lo bien hecho, por eso el Vintage vende. Lleva vendiendo años y cada día venderá más.

Y nosotros seguiremos disfrutando de esta estética y nos uniremos a su fluir…

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Vintage Dream Febrero

Vintage Dream” es un concurso de fotografía. Un concurso de fotografía Vintage que surge por mi curiosidad sin límites, mis ganas de compartir, de crecer y de seguir aprendiendo.

Un concurso fotográfico mensual en el que os propondré un reto diferente cada mes, con un tema nuevo y en el que, entre todos los miembros del grupo, se elegirá la foto ganadora. Esta foto recibirá como premio una de las joyas de la “Colección Vintage” de López-Linares Vintage Jewerly.

Febrero ha sido el mes de los enamorados y su color es el rojo, por ello me pareció una  buena idea proponer la realización de una fotografía inspirada en el rojo Vintage.

Estas son las 25 fotografías participantes. En ellas podéis ver el nombre de su autora y en la cabecera está la fotografía ganadora, realizada por Lenmar1.

Enhorabuena Ali, espero que te gusten los pendientes y los disfrutes mucho.

Muchas gracias a todas y os espero en “Vintage Dream Marzo”

Angie Ravelo
Beakurs
El Divan Azul

Carmen

Y el video con la presentación de las 25 fotografías